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viernes, 7 de noviembre de 2008

DUALIDADES MASÓNICAS

EL SIMBOLISMO DE LOS GREMIOS OPERATIVOS

1. La Plomada y el Nivel

Mientras la Plomada es el emblema del Seg:. Vig:., el Nivel está asociado al Prim:. Vig:. o Vicepresidente de la Logia. La utilización de ambos instrumentos en albañilería es perfectamente opuesta entre sí: la Plomada sirve para trazar planos perpendiculares; el Nivel busca afirmar la horizontalidad.

Ambos elementos se empezaron a utilizar en la construcción de las pirámides egipcias. En su versión antigua consistía en un bastidor de madera parecido a una A, un ángulo de lados iguales y desde cuyo vértice que apuntaba hacia arriba pendía una plomada; una marca situada en el travesaño horizontal señalaba la verticalidad y debía coincidir con la plomada. Hoy, en albañilería este instrumento es completamente diferente, y ha sido sustituido por el llamado nivel de burbuja, pero permanece como símbolo de las hermandades de constructores (el “compagnonage”), y de la Masonería especulativa.

Algunos han querido ver en el diseño de este instrumento una esquematización del Azufre, elemento químico equivalente al alma humana. En cierta forma el Nivel se utiliza para fundamentar bien la construcción ulterior sobre un firme completamente horizontal; de la perfección de este instrumento originario dependerá la solidez de todo el conjunto. En ese sentido es, efectivamente, similar al alma, parte originaria del ser humano cuyo desarrollo y afirmación se pretende. Puede pensarse hasta qué punto resulta absurdo el que algunas Logias Masónicas hayan sustituido este instrumento por el nivel de burbuja, carente de cualquier simbolismo.

En los primeros Grados de la Masonería se considera muy importantes estos dos instrumentos que llegan incluso a simbolizar los dos primeros grados de Iniciación: así, el paso de la Plomada al Nivel comporta el paso del grado de Apr:. al de Comp:., el primero y segundo de la jerarquía Masónica. El primero es un Grado que comporta reflexión interior, aprendizaje y sumisión al maestro de la Logia; el Masón se convierte así en sujeto pasivo que recibe enseñanza y empieza a ser desbastado de su ignorancia. El segundo, por el contrario, es un Grado activo y expansivo: los conocimientos adquiridos en el primer nivel de Iniciación le permiten caminar por sí mismo en su interioridad. Pero nada de todo ello sería posible, si las bases de este trabajo no estuvieran sólidamente asentadas sobre un terreno bien equilibrado y horizontal; nada de todo ello, en definitiva, sería posible sin saber utilizar el Nivel.

En el plano moral, aquel en el que tan frecuentemente permanecen los Masones actuales, el Nivel es tomado en su acepción ético-social como el referente de la igualdad, la vida en común y la ausencia de autoritarismo; en otras palabras, como el instrumento paradigmático del segundo término de la trilogía ideológica de la Masonería: “Igualdad”.

Resulta difícil comprender, en cualquier caso, la relación entre la “Igualdad ” Masónica y el complicado sistema jerarquizado en extremo que preside la organización interna de las Logias: en efecto, la igualdad es la antítesis de la jerarquía. Esta, por el contrario, es una de las acepciones simbólicas de la Plomada.

En tanto desciende verticalmente, supone distintos escalones de aptitud y preparación: la Plomada es superior a lo que mide; la tierra y su ley de la gravedad, atrayendo al plomo que pende del límite del hilo, dramatiza así la condición humana atraída por el elemento tierra. Indica también una dirección descendente y de caída que debe ser invertida mediante el uso del Nivel con el cual, como hemos dicho, se prepara la superficie sobre la que se asentaba el edificio construido ulteriormente.

Pero la Plomada tiene también un sentido superior. Al descender del aire a la tierra, lo que hace es poner en contacto dos órdenes de realidad: un polo celeste y un polo terrenal. Diversos símbolos son los que disponen de esta característica axial propia de comunicadores entre el cielo y la tierra. También indica una cierta correspondencia entre lo alto y lo bajo, entre las realizaciones trascendentes y lo contingente, entre el mundo del ser y el del devenir. Lo que va de uno a otro extremo de la Plomada es lo que va del principio metafísico a la manifestación de este principio en la actividad cotidiana; resume así perfectamente el concepto Masónico de cosmos.

Fue así como estos instrumentos que proceden de nuestro pasado más remoto y ancestral, rebasaron su modesto cometido de simples útiles de trabajo y sugirieron a los artífices que construyeron nuestras más hermosas catedrales, toda una serie de correlaciones simbólicas que iluminaron su existencia y contestaron a sus porqués. !Cómo no sentir añoranza de un tiempo en el que las herramientas hablaban a los hombres con el lenguaje de la metafísica!

2.El Mallete y el Cincel

Herramientas propias de los canteros, fueron utilizadas durante milenios en las hermandades de constructores, hasta que el destino quiso que su simbolismo fuera incorporado al de las Logias Masónicas en donde todavía hoy figuran en los cuadros del Apr:. y del Comp:. . Una vez más encontramos en estos instrumentos el doble carácter, activo y pasivo, que veíamos en el Nivel y la Plomada. El Martillo, golpea activamente la piedra, dirigido por la hábil mano del artesano que lo dirige, no directamente contra ella, sino optimizando su acción a través del Cincel; éste, por su parte, cumple pasivamente su cometido. La antítesis entre uno y otro es lo suficientemente evidente como para que no insistamos.

Ahora bien, hay una serie de aspectos que interesa resaltar. El Cincel, por ejemplo, en tanto que ocupa un lugar intermedio entre el Martillo y el material que desbasta, es activo en relación a éste y pasivo frente al Mazo y a la fuerte mano que lo maneja. No puede extrañar pues que éste instrumento, fuera asociado inicialmente al Grado de Comp:., el segundo en la jerarquía Masónica, anterior a la Maest:. y posterior al Aprendizaje. O si se quiere, la jerarquía Masónica hace del Comp:. un estadio intermedio entre la pasividad absoluta y la iniciativa total correspondiéndole algo de lo uno y de lo otro.

Pero sobre todo, el Grado de Comp:. es un grado problemático. A decir verdad, quizás la gran carencia de la Masonería moderna consiste en considerarlo como un Grado de trámite en el que los aspirantes a MMaest:. quieren permanecer solo el tiempo imprescindible. Pero, en realidad, es el Grado de instrucción por excelencia. Atrás se ha dejado la fase de ignorancia total, de inercia; por delante quedan los Grados de consumación del aprendizaje, pero éste ¿ dónde se realiza ?. La lógica quiere que fuera en ese Grado intermedio en donde se operase la verdadera formación y selección de Hermanos Masones. Pero no siempre la lógica es la gran aliada del taller fraterno.

Lo característico del Cincel es desgastarse con cierta frecuencia, perder capacidad de penetración y precisar un nuevo afilado, perífrasis mística del sendero que debe seguir el Comp:., siempre propenso a caer en el error y precisar de un nuevo enderezamiento; sometido al riesgo de no persistir en su tarea lo suficiente, de desanimarse así como el Cincel se desafila y convierte en romo y estéril para el trabajo. Entonces la hábil mano del Maest:. deberá entrar en acción; pero también el Comp:. deberá revisar constantemente su preparación y conocimientos y tendrá la obligación de estar sobre sus deficiencias y desviaciones.

El Mallete ha sido símbolo de la autoridad suprema desde la más lejana antigüedad. Arma de Thor y de Hércules, arma de los “dux bellorum”, ha pasado a las Logias con idéntico carácter. Manejado por los MMaest:. se utiliza en las ceremonias para iniciarlas o concluirlas. Tocado a ritmos diversos indica momentos importantes en el desarrollo de los ritos y en las recepciones de nuevos Hermanos.

No es raro que el Mallete sea el instrumento característico del Maest:. : expresa la voluntad libre y soberana de crear y construir; más que ningún otro instrumento tiene un carácter ejecutor de la voluntad, quien lo toma en sus manos debe tener previamente en su interior la imagen de lo que va a construir, la forma de lo que quiere modelar; y todo esto debería ser atributo del Maest:. de la Logia.

Ambos instrumentos, a pesar de estar dotados de contenidos simbólicos diversos, son inseparables uno del otro; perfectamente inútiles cuando no colaboran en la misma obra, denotan una necesaria capacidad organizativa y una coordinación de quien los utiliza. Simbólicamente el Mallete es utilizado con la mano derecha y el Cincel sostenido con la izquierda, tal como corresponden a sus características; es solo así como logran modificar una y mil veces la materia en bruto.

No es extraño que este carácter de extracción de nuevas realidades se haya asociado con cierta frecuencia a un simbolismo sexual. El Cincel sería una forma fálica que a través de su capacidad de penetración de la materia femenina, consigue generar en el vientre de ésta, nueva vida; pero esto no compete en solitario al Cincel sino a su asociado, el Mallete. Y con todo, hay que ser cautos en este tipo de asimilaciones, desconocidas en la antigüedad y que fueron descritas en tiempos relativamente recientes. En efecto, Freud y los suyos, no pudieron concebir un universo simbólico liberado del pansexualismo que desvirtuó todos sus intentos interpretativos. Una vez más, la rana de la charca no pudo concebir la grandeza del océano.

3. La Escuadra y el Compás

Hasta aquí hemos visto símbolos que solamente los miembros de las Logias y unos pocos interesados conocen; pero si hubiera que preguntar cuál es el símbolo más universalmente extendido y que mejor expresa el origen filosófico de la Masonería y sus ideales, éste sería sin duda el de la Escuadra y el Compás. No se trata tanto de una dualidad opuesta como complementaria y, en cualquier caso, que permite la realización de tareas que competen a dos estructuras completamente diferentes y contradictorias: el cuadrado y el círculo. Si ignorásemos cualquier otro instrumento propio de las Logias, bastaría con conocer el cometido de la Escuadra y del Compás para reconstruir a partir de ellos toda la filosofía Masónica.

Hasta tal punto son importantes, que nos ayudan a comprender por qué son 33 los Grados de la Masonería y puede decirse que, sin estos dos instrumentos, no sólo sería incomprensible el simbolismo de las Logias, sino que ni siquiera hubieran sido alzadas nuestras más hermosas catedrales. Una muestra de la ineficacia de los modernos sistemas de enseñanza radica en que tanto la Escuadra como el Compás son útiles que acompañan a todo escolar desde sus primeros años de aprendizaje, y sin embargo, ningún plan de enseñanza registra una reflexión sobre las cualidades de los instrumentos que durante años el niño deberá utilizar en su aprendizaje. Pero la disociación que hoy existe entre un instrumento y las enseñanzas morales que nos pueda aportar, era desconocida en otro tiempo, de tal forma que no se concibió instrumento que permaneciera al margen de un contenido didáctico, referido no solo a la tarea específica para la que había sido concebido, sino fundamentalmente a una disciplina ética y moral.

Fijémonos solo un instante, porque nunca más lo olvidaremos, cómo estos dos símbolos de la Escuadra y el Compás nos sugieren, en su simplicidad, las tres situaciones posibles en el terreno espiritual. Siendo la Escuadra el instrumento a través del cual se delimita y trazan las formas posibles del mundo material, cuadrados, rectángulos, líneas rectas, el Compás, por el contrario, delimita un círculo tenido como imagen de lo Absoluto, de aquello que tiene principio y fin en sí mismo. Así pues, la Escuadra simboliza la tierra, el Compás el cielo. Cuando veamos a la primera superpuesta al Compás esto nos indicará una situación de dominio de la materia; si , por el contrario, Escuadra y Compás se muestran entrelazados, tal situación nos advertirá sobre el equilibrio de fuerzas entre el mundo material y el mundo espiritual. Y si, finalmente es el Compás el que se superpone a la Escuadra, quedará claro el dominio espiritual.

Escuadra y Compás, por su amplitud simbólica, son, en sí mismos, libros mudos, no es raro que sean equiparados en las Logias al Libro Sagrado, la Biblia, y que los tres constituyan las “Tres Grandes Luces” que deben iluminar la senda del miembro de la Orden. La función de la Escuadra es medir magnitudes del mundo material, mientras que el Compás mide ángulos; el primero supone una aproximación al mundo de la cantidad, el segundo al de la calidad y la esencia. Por esto mismo y como veremos en otra parte, el cuadrado que puede trazarse con la Escuadra es el símbolo del mundo material y el círculo que surge del manejo del Compás, lo es del espiritual, siendo el instrumento que corresponde al Supremo Hacedor de Dios, al Gran Arquitecto del Universo.

En las Logias, el Compás muestra generalmente dos angulaciones: abierto a 90° indica el ángulo que no se puede superar, el límite de la manifestación y, por esto mismo, el equilibrio entre sus dos brazos; abierto a la mitad, sus 45° sugieren equilibrio entre fuerzas antitéticas, situadas de manera dinámica y constructiva. Así precisamente puede verse un Compás manejado por la musa Urania en la cúspide de la Casa Xifré de Barcelona, acompañando a Saturno-Cronos. Puede verse a la musa embarazada como asimilación a Balkis, amante de Hiram que, tras abandonarlo y resultar muerto, quedó embarazada de él; episodio simbólico por el que los Masones aceptan gustosos el nombre de “hijos de la Viuda”. Esta asociación de Urania con Saturno nos permite afirmar que en la cosmología Masónica, el Compás es, al mismo tiempo, el emblema de la Geometría y la Astronomía, mide las angulaciones de la tierra y del cielo y permite insertarse en los secretos de ambos mundos. No es raro, por lo mismo, que originariamente Saturno fuera una divinidad agraria y que su relación con el Compás estuviera motivada por la necesidad de roturar y medir las tierras. En manos de Urania significa el escrutar el Cosmos desvelando su influencia en las acciones de los hombres. Es significativo a este respecto que en astrología la cuadratura – distancia de 90° entre dos planetas – sea considerada como un aspecto muy negativo, pero lo es solo en tanto que esta angulación es la propia e inamovible de la Escuadra.

Toda la movilidad del Compás es fijeza en la Escuadra. Así hay que entender la joya que la representa colgando del cuello del Venerable Maestro de la Logia. Su voluntad no puede ser otra, más que la de hacer cumplir las Constituciones y los Estatutos de la Orden. Es libre solo para eso; pero para acceder a ese noble rango debe necesariamente hacerse acreedor del otro atributo derivado de la Escuadra: la rectitud que lo debe caracterizar por encima de cualquier otra virtud; no deberá ceder a la debilidad, tendrá la rigidez propia de quien quiere imponerse sobre la materia y aspira a ser perfecto y la perfección se mide por el grado de identificación con lo establecido en las Constituciones.

Estos dos instrumentos son esquemáticamente idénticos a las letras griegas gamma
( G ) y lambda ( l ). Las cuatro gammas forman una svástica completa, por eso en Masonería uno de los símbolos más habitualmente utilizados es la letra G inserta dentro de una estrella. La G corresponde a la gamma y de la misma forma que la geometría –cuya inicial es precisamente la G- es la quinta ciencia en la enumeración de las artes liberales, la quinta esencia del mundo manifestado y simbolizado por las cuatro gammas que forman la svástica es, así mismo, la estrella de cinco puntas.

Por lo demás, desde el punto de vista numerológico, el valor de la gamma es 3 y el de la lambda 30, su suma, la suma de la escuadra y el compás, es 33, como el número de Grados de la Masonería, como la edad de Cristo, como los 33 peldaños que componen la escalinata del parque de Güell, como el número que puede obtenerse en infinitud de combinaciones sumando las cantidades que figuran en el cuadrado mágico del Pórtico de la Pasión en la Sagrada Familia…

4. La Piedra sin Desbastar y la Piedra

Puntiaguda

En el cuadro de uno de los Grados, pueden verse dos símbolos de los diferentes estadios alcanzados por la materia prima al inicio de los trabajos y en el momento de la conclusión. A la izquierda una Piedra negra y sin desbastar, a la derecha la misma Piedra pulida y convertida en un cubo puntiagudo. En el cuadro de otro Grado, aparece otra imagen intermedia, la de la Piedra cúbica que examinaremos en su momento, estado intermedio entre las dos que acabamos de nombrar.

En algunas Logias y en determinados Ritos Masónicos, la Piedra puntiaguda figura con un hacha insertada en su cúspide; el carácter sideral y uranio del hacha implicaba en este caso que para alcanzar esta fase de perfeccionamiento, el Masón debía recurrir a una fuerza y un poder situados por encima de él y de su personalidad común. Así pues, el Grado de Maestro era un Grado de perfección y de apertura hacia lo Absoluto.

La Piedra puntiaguda en ocasiones se representaba como una pirámide, en otras como un monolito de estilo egipcio constituido esquemáticamente por un paralelogramo coronado por una pirámide. También se le representaba sobre el plano como un cuadrado al que se le superponía un triángulo equilátero. Al “cuaternario inferior” –síntesis de fuego, tierra, agua y aire- surgido de la unión de las cuatro escuadras de brazos iguales (el “gammadion”), representante del mundo material, se le superponía el “delta luminoso”, símbolo del mundo espiritual y de las calidades superiores, que llegó hasta la Masonería por un complicado camino que pasaba a través de la simbólica católica, la cual hizo de él “el ojo que todo lo ve”, representación del mismo Dios Padre.

En ocasiones el simbolismo de un trabajo espiritual venía representado en una clave diferente, adaptado a las características de la casta a la que pretendía ejemplificar. Así pues, el símbolo artúrico de la extracción de la espada de una Piedra, entraña la separación de un principio superior representado por el mango y la guarda de la espada, de la Piedra, representada por el cuadrado de los cuatro elementos. La Piedra puntiaguda era, finalmente, para otro sector del mundo tradicional, la representación de la Piedra Filosofal de los alquimistas, otro símbolo del máximo grado de perfección.

Lo que para los constructores y Masones era la Piedra en bruto, para los alquimistas era la materia prima. En cualquiera de las dos concepciones se consideraba que el objetivo a perseguir estaba contenido en la materia a emplear. La Piedra Filosofal no estaba fuera de la materia a través de la que se alcanzaba, y la perfección de una estatura estaba ya contenida en la multiplicidad de las formas posibles residentes en el interior de un bloque de Piedra recién extraído de la cantera. La Piedra sin desbastar y la materia prima, eran símbolos de la perfección originaria, de la misma forma que la culminación de los trabajos en la Piedra puntiaguda era interpretada también como límite de perfección; un curioso símbolo coincidente con lo que decimos es el del cono tallado y situado sobre un pedestal cúbico. El símbolo que se le otorga es el de un principio masculino –el cono- descansando sobre la Piedra femenina; unidos así representan, como la Piedra puntiaguda, al andrógino que fue en los orígenes y que vuelve a ser en la culminación final del trabajo sobre la materia prima.

La Piedra en bruto indica la situación del cosmos anterior a la Creación, es, por tanto, símbolo de caos, indiferenciación y pasividad. En ese magma entran distintos estados de la materia, no debemos reducirlo ni confundirlo con el mundo material que conocemos; en absoluto, lo que se indica con esto es que cuerpo, alma y espíritu están mezclados caóticamente, de tal forma que no puede haber inicio de los trabajos sin practicar lo que la alquimia llama “el arte de la separatoria”, es decir, la identificación y extracción de cada uno de estos elementos de los demás. No siempre se realiza, no siempre el hombre es consciente de cuál es la materia sobre la que debe trabajar –sobre sí mismo- y así se producen fenómenos interiores que reproducen perfectamente los distintos tratamientos que puede darse a la materia. Si el artesano golpea indiscriminadamente a la piedra, sin orden ni concierto, descuidadamente, no conseguirá sino disgregarla en pequeños trozos, símbolo hermoso de una vida desperdiciada y vana; si, por el contrario, logra acometer la tarea de desbastar su piedra con cuidado y aceptando el hecho de su ignorancia y de su necesidad de aprender, es posible, que poco a poco vaya dotando a la piedra de forma: su ser se irá manifestando; tal es el símbolo.

Los minerales, tal como salen de la mina están muertos, es tarea del artesano o del hermetista, revitalizarlos. Cuando el artista golpea con el Cincel la Piedra y saltan chispas debe aprender por este signo que resta aun en el mineral el principio latente del fuego gracias al cual, avivándolo, puede recuperar el estado de pureza original. Esta visión del universo probablemente chocará con el escepticismo de la ciencia para la que las nociones de vida corresponden solo al mundo orgánico y en absoluto al mineral; pero es sin embargo una visión mítica y mágica del mundo que, no solo ayuda a explicarlo, sino que además es utilizada como vehículo de realización interior. Es muy importante entender que cuando el hermetista o el hombre tradicional hablan de la “vida de la piedra” se refieren a una vida no orgánica, aluden a su calidad, a sus vibraciones, identifican en la Piedra, en cada mineral, pero también en cada planta y en cada especie animal, en cada estrella y constelación, un aspecto de todo ello que sintoniza más perfectamente con su propia vida. El oro pasa a ser así, por una ley de correspondencias símbolo del sol, del corazón, del centro del universo, de la realización espiritual; la Piedra, lo es de los distintos estados de evolución del ser. !Tiempo maravillo aquel en el que toda realidad era un símbolo y cualquier símbolo podría expresarse a través de una realidad material !

5. El Cubo y la Esfera

Más que a la Masonería, esta dualidad concierne genéricamente al mundo mágico de los símbolos. Si la hemos incorporado a esta sección es, fundamentalmente por que la Piedra cúbica es un símbolo Masónico por excelencia. Sin embargo, es más difícil percibir el símbolo de la Esfera en las Logias; si bien su representación plana, el círculo ocupa un lugar importante, para entrever la Esfera hay que recurrir a ornamentos que la incorporan: la esfera armillar, por ejemplo, aparece en algunas Logias como símbolo del cosmos sobre las columnas J:. y B:.; en otras representaciones Masónicas representa al huevo filosofal situado sobre una peana componiendo ambos elementos lo esencial del atanor de los alquimistas. Así puede vérsele en Barcelona en el frontispicio de la Casa Xifré, detrás de Urania y en los Jardines del Laberinto cerca del estanque, construcciones ambas de indudable inspiración Masónica.

La más estable de todas las formas, el Cubo, se opone visiblemente a la más móvil de las figuras geométricas. El Cubo parece sugerir inamovilidad, apoyado en cualquiera de sus seis caras, es el símbolo de estabilidad completa, pero también de materialidad. La Esfera, por el contrario, al poder girar libremente hacia cualquier dirección, es una forma completamente dinámica y, considerada, como la más perfecta parábola material de la misma esencia divina. Orígenes de Alejandría decía que las almas cuando entran en el Paraíso lo hacen rodando, “pues la Esfera es el más perfecto de todos los cuerpos”.

Esta asimilación de la perfección a la Esfera deriva de sus características geométricas. Existen en ella elementos que la hacen completamente diferente al resto de los poliedros regulares. Por de pronto cada uno de los puntos de su superficie dista lo mismo del centro; esto ya implica regularidad y orden. Pero al mismo tiempo existe en esta figura una paradoja. En sí misma, la Esfera procede de la irradiación de un punto central hacia el exterior, como una explosión. Cada punto de la superficie no es sino un punto unido por un radio al centro, lo que, en otras palabras, quiere decir que el centro contendrá el mismo número de puntos que la superficie exterior, es decir, infinito número de ellos. La paradoja estriba en que, por una vez, en geometría, el cero y el infinito son una sola y misma cosa. Por eso la Esfera remite al mundo espiritual.

El proceso de formación de un Cubo es sensiblemente diferente. Un punto en desplazamiento genera una línea recta, una línea recta, a su vez, desplazada, genera una superficie y esta un volumen. La proyección de cada una de las caras del Cubo así constituido, marca las seis direcciones del espacio; siendo la séptima el propio Cubo de origen.

Todas estas asimilaciones fueron tenidas en cuenta por arquitectos de muy diferentes culturas. Frecuentemente se ha repetido que el mundo espiritual sería imposible de manifestarse sino fuera la perspectiva de facilitar el acceso al mundo luminoso y superior. Esta complementariedad de ambos órdenes de realidad se muestra en las construcciones árabes tradicionales formadas por una semiesfera superpuesta a un Cubo; éste último representa a la tierra y la semiesfera al cielo; así mismo en los ábsides de las pequeñas iglesias románicas es frecuente ver como están cubiertos por un cuarto de Esfera que, para acentuar su asimilación al cielo, está incluso pintado de azul y motejado de estrellas.

El Cuadrado y el Círculo, a pesar de ser figuras trazadas de diversa forma, aun siendo opuestas en sus significados y calidades, siempre terminan por ser relacionadas entre sí. Uno de los problemas matemáticos que se han mostrado irresolubles a lo largo de los siglos es el de la cuadratura del Círculo, problema que va más allá de lo estrictamente matemático: relacionar Cuadrado y Círculo (Cubo y Esfera), equivale a reconstruir una síntesis originaria superior a cada una de las partes. Pero, si bien el problema matemático no tiene solución, no ocurre lo mismo desde el punto de vista geométrico, existiendo distintas variantes para encontrar un Cuadrado cuya superficie equivalga a la de un Círculo. Uno de los métodos para resolver este problema consiste en trazar una vésica piscis (símbolo prístino de la dualidad ), desde cuyos extremos el Cuadrado simétrico es aproximadamente idéntico al del Círculo a partir del cual se traza.

Una de las personalidades que conocía esta resolución geométrica era el prominente Masón barcelonés, Ildefonso Cerdá, planificador del Ensanche barcelonés en cuyos octógonos dejó constancia del conocimiento de esta fórmula practicada en su tiempo por los Maestros Masones. Las famosas manzanas barcelonesas son el testimonio de una sabiduría que el devenir del tiempo no logra erradicar.

6. San Juan Bautista y San Juan
Evangelista

El papel de San Juan en la Masonería, especialmente en la del Rito Escocés, constituye una de las fuentes de mayor riqueza simbólica y, acaso uno de los patrimonios más remotos que mejor encajaron con el cristianismo. Tras el simbolismo de los dos San Juanes se puede reconocer sin dificultad el de Jano, dios latino bifronte, dios del pasado y del presente, de los cruces y de las puertas, dios de los caminos, pero, fundamentalmente, dios del principio y del fin del ciclo anual. Fue una derivación de su nombre la que se utilizó para denominar al primer mes del año, jaunarai, enero, mes en el que coincidían el primer instante del nuevo año y el último del ciclo pasado.

Históricamente está suficientemente documentado que las fiestas de Jano fueron sustituidas por las de San Juan Evangelista, solo que el doble rostro del dios latino se escindió y fue así como una pasó a celebrarse en las proximidades del solsticio de invierno –coincidiendo, más o menos, con las antiguas fiestas de Jano- y la otra en fecha simétrica, el solsticio de verano, coincidiendo con la festividad de San Juan Bautista. Desde el punto de vista zodiacal, la primera festividad coincidía con el signo de Capricornio, y se la llamaba “puerta de los dioses”, estaba presidida por la tristeza y la desesperanza por el alejamiento del dios sol que parecía haberse ido separando de su elíptica a lo largo de los meses de otoño. La naturaleza, abandonada por el sol, había muerto. La festividad opuesta, bajo el signo de Cáncer, coincidente con el solsticio de verano, se celebraba bajo un signo diverso: se la llamaba “la puerta de los hombres” y significaba el apogeo del sol, el momento en que los días son más largos y la naturaleza ha llegado a su límite de verdor y frondosidad.

Ahora bien, estas dos fiestas opuestas no hacían sino complementarse mutuamente e indicaban ideas así mismo complementarias. La llegada al solsticio de invierno reflejaba actitudes contrapuestas: de un lado, ciertamente se producía en un clima de tristeza y pesadumbre por la muerte de la naturaleza; pero llegar a esa fecha suponía llegar al límite de alejamiento del sol; a partir de ese momento, se tenía la certidumbre de que el sol volvería de nuevo. La fiesta fue llamada en el mundo romano “Dies natalis solis invictus”, el día del nacimiento del sol invencible. De la misma forma, el solsticio de verano suponía una idéntica actitud ambivalente, la bondad del clima parecía llegar al punto más álgido, la duración de los días, tras prolongarse desde el solsticio de invierno al de verano, empezaba, a partir de ese momento, a acortar su duración. Lo que había llegado a su límite superior, no podía sino descender; lo que se encontraba, en el punto más bajo, iniciaba una recuperación.

Este orden de ideas queda perfectamente recogido en el Evangelio en la contraposición existente entre la figura de San Juan Evangelista y la de Cristo. Aquel dice, anunciando la inminente llegada de éste: “Es preciso que El crezca y yo mengüe” que, entre otros simbolismos, evoca perfectamente el ciclo anual. Y es que, en el fondo las dos mitades del círculo no hacen sino evocar las dos fases que concurren en un mismo ciclo: la ascendente y la descendente.

Las festividades solsticiales, traspasadas a los dos San Juanes, llegaron a la Masonería acompañadas de un grafismo harto elocuente. Un círculo rodeado de dos rectas paralelas tangentes y verticales, ostenta un punto en el centro. Se le llama “las columnas de Hércules” y toma significado del tema joánico. El círculo corresponde al ciclo anual, identificado con el recorrido del sol –punto situado en el centro del círculo-; el hecho de que las dos columnas sean paralelas indican simetría y que sean tangentes nos dice que estarán situadas en los puntos límite del ciclo, los dos solsticios opuestos. La alusión a Hércules procede del carácter solar de sus 12 trabajos que supusieron una dramatización de su búsqueda heroica a lo largo de los doce signos zodiacales. Por otra parte, las dos rectas paralelas y verticales, están tradicionalmente unidas por una filacteria en la que puede leerse la inscripción “Non plus ultra” que indica un límite imposible de superar.

La tradición católica confiere a San Juan Evangelista una naturaleza solar acaso porque su evangelio está considerado como el más espiritual de los cuatro y por el énfasis puesto en la naturaleza de Jesucristo como hijo del Verbo. Su emblema es por esto la naturaleza más etérea y sutil, el ángel. Por el contrario, en los mismos evangelios se insiste en que San Juan Bautista está toscamente vestido, con una piel de camello, se asegura; se trata con ello de demostrar el carácter humano de su naturaleza. El mismo tema se recoge en otras tradiciones: el hombre no iniciado, es equivalente al “hombre de los bosques”, al “hombre salvaje” que figura en algunas representaciones románticas y góticas y al que Fulcanelli dedica uno de los más hermosos capítulos de sus “Moradas Filosofales”: el hombre salvaje de Thiers. El hombre viejo que precisa una metanoia para alcanzar la salvífica naturaleza trascendente del hombre nuevo

(c) Ernnesto Milá Rodríguez

sábado, 18 de octubre de 2008

Hechos comprobados sobre el misterio de Rennes-le-Château.

 

Por José Antonio Solís

(Artículo basado en el libro del mismo autor “La verdadera Tumba de Jesús” publicado antes que “El código da Vinci” y por supuesto antes también que el reciente documental sobre “La tumba de Jesús” de James Cameron)

introducción

En 1967, salía a la luz en Francia un libro titulado "El oro de Rennes". En sus páginas, Gérard de Sède, un periodista gascón aficionado al estudio de las religiones, relataba las extrañas circunstancias que habían rodeado la vida de Bérenger Saunière, el párroco de una pequeña villa perteneciente al departamento de Aude, en el sur de Francia, llamada Rennes-le-Château.

Al parecer, durante la restauración de su iglesia, el religioso habría encontrado unos pergaminos ocultos en los que se hacía referencia a un tesoro. Nunca se pudo demostrar la existencia del mismo; pero lo cierto es que, a partir de la noticia del descubrimiento, el párroco comenzó a llevar una vida completamente distinta, una nueva existencia donde el lujo y la ostentación parecían nutrirse de un fondo monetario inagotable.

En un principio, la relevancia del tema no parecía llegar más allá del sospechoso enriquecimiento de un cura de humilde procedencia y escasos recursos. Sin embargo, al adentrarse en el documento de la investigación, el lector descubría los indicios de algo más inquietante, algo que sobrepasaba la pura anécdota de un hallazgo.

¿Qué ocultaba ese caserío perdido en lo alto de una colina, a la que sólo se podía acceder por una escarpada carretera, para atraer la curiosidad de visitantes tan destacados como el archiduque Juan de Habsburgo, la diva Emma Calvé, Rabelais, el célebre Papus, Fulcanelli, Julio Verne, Claude Debussy, Toulouse-Lautrec o Jean Cocteau, entre muchos otros?

La historia sacudió a Francia entera y el libro se convirtió en un éxito de ventas. Y no era para menos. En la misteriosa leyenda del párroco de Rennes-le-Château se mezclaban todos los ingredientes de la mejor intriga: tesoros ocultos, pergaminos que aparecen y desaparecen, crímenes sin resolver, falsificaciones, intrigas vaticanas, sectas milenarias, conspiraciones... E incluso, alguna que otra sospecha de amores prohibidos; por lo menos dentro de lo que se consideraba apropiado para un cura.

Una década más tarde, Henry Lincoln, un productor de cine de la BBC que tras la lectura del libro de Gérard de Sède se había consagrado en cuerpo y alma a la investigación del tema, le dedicaría al misterio de Rennes-le-Château tres documentales para Chronicle, la serie histórica y arqueológica de la cadena. En ellos establecía nuevas teorías que iban mucho más allá de la posibilidad de un tesoro escondido y una conspiración. Lincoln comenzaba a plantearse lo que más tarde cristalizaría como "El Enigma Sagrado", el libro que realizaría junto a Michael Baigent y Richard Leigh, donde, partiendo del descubrimiento del párroco Saunière, se determinaban nuevas direcciones que conducían a la gran revelación: Jesucristo no habría muerto en Jerusalén, sino que refugiado por una comunidad judía de Francia, pasaría el resto de sus días en esa tierra, acompañado de su esposa Magdalena, con la que tuvo una descendencia que perduraría hasta nuestros días. Las pruebas apuntaban hacia un plan milenario para proteger un valioso tesoro. Y ese tesoro no sería otro que el Santo Grial, "la estirpe y los descendientes de Jesús, la «Sang Raal», la sangre «verdadera», cuya custodia fue encomendada a los Templarios, orden creada por la Prieuré de Sión".

A partir de ese momento, el misterio de Bérenger Saunière alcanzó una trascendencia mundial que sigue creciendo en nuestros días. Son innumerables los estudios y reportajes que aparecen cada año, arrojando nuevas interpretaciones sobre el enigma; y que han convertido a la otrora solitaria villa de Rennes-le-Château en un punto de atracción turístico.

Agradecimientos

No podríamos comenzar este artículo sin antes reflejar nuestro encarecido reconocimiento a la inestimable ayuda del profesor E. Declas Gutiérrez, hombre animoso y de vasta erudición, que nos acompañó como intérprete e insustituible colaborador.

Igualmente el reconocimiento a la amabilidad de la Asociación de Turismo de la Región de Rennes-le-Chateau, que nos facilitó sobremanera, con su información, la labor de obtener en un corto espacio de tiempo fotografías de la región desde el punto de vista que interesaba a nuestra investigación.

También nuestro agradecimiento al amable trato y complice colaboración de los encargados de la Hosteleria de Rennes Les Bains, situada en la Rue des Bains Forts, naturalmente en Rennes-les-Bains. Donde nos alojamos durante nuestra primera estancia en la zona en el verano del 2000 y que, sinceramente, recomendamos a cualquier visitante que por allí se acerque.

Un enclave rebosante de historia y oro.

Cercana a los Pirineos, a unos 40 kilómetros de Carcasona, en la confluencia que forman los valles de los ríos Aude y Sals, se alza sobre una colina de roca calcárea la pequeña aldea de Rennes-le-Château. Desde su cumbre, aparece ante nuestros ojos el impresionante paraje de la región de Ràzes. Una visión que sobrecoge por su magnitud, donde la mirada perdida en el horizonte nos devuelve una extraña sensación de soledad. Pero se trata de un aislamiento ficticio. Si algo caracteriza a este territorio es la variedad de sus visitantes a lo largo de los tiempos.

Existen restos megalíticos que prueban la aparición del hombre en este área cuatromil años antes de nuestra era. De igual modo, la profusión de topónimos de claro origen celta, —sin ir más lejos, el que denomina al castillo de Le Bézu— o el descubrimiento de los restos de un antiguo templo, evidencian la dilatada permanencia de los asentamientos de las tribus de origen indoeuropeo. También la abundancia de vestigios romanos nos habla del interés que despertó la región para el magno imperio, hasta tal punto que la ruta romana que conducía a Hispania cruzaba estas tierras; la misma que, siglos más tarde, serviría de enlace para el camino de peregrinación a Santiago de Compostela.

El atractivo para los romanos estaba plenamente justificado. Por un lado, era famosa y apreciada la existencia de fuentes termales en la zona, con aguas ferruginosas, enriquecidas con potasio y magnesio. Por otro, un subsuelo rico en cobre, zinc, plomo, jade, amatista, mercurio..., y lo que es más importante: oro y plata, además de otros metales. Prueba de ello son la abundancia de minas registradas en siglos posteriores.

Tras los romanos, y a lo largo de tres siglos (de 440 a 720), se aposentarían en esta comarca los Visigodos, que habiendo conquistado Roma, expandían su imperio hacia el oeste desde Europa central.

Según los historiadores, se debe el origen de este poblado a la construcción de una fortaleza sobre el terreno que antes ocupara un antiguo oppidum ("plaza fortificada") celta, con la intención de proteger a Rhedae, la próspera ciudad fundada por los visigodos a mediados del cuatrocientos y que se extendía por todo el valle, a lo largo de un área aproximada de cuarenta hectáreas. No resulta difícil comprobar que ese mismo espacio que antiguamente ocupaba la fortificación, es el que establece los actuales márgenes de la villa.

Sobre el procedencia del topónimo que daba nombre a la ciudad se ha sugerido que está basado en la transcripción en latín tardío del término godo Raida, que significaba carro. Y, muy posiblemente, se esté en lo cierto, pues existe la constancia de que la zona sirvió de base para los bárbaros germánicos, acostumbrados a disponer sus campamentos con sus cuádrigas o carros formando círculos.

Es esa presencia visigótica, en un reino que se extendería desde Orleans hasta Gibraltar, uno de los pilares fundamentales de esta historia; pues de ella surgirían, como un enigmático telón de fondo, los protagonistas de una lucha perpetua por permanecer, al precio de la propia vida, en esta extraña tierra.

La dinastía visigótica, iniciada por Teodorico I, aliado de los francos contra Atila, rey de los hunos, y fallecido en la célebre batalla de los Campos cataláunicos en el 451, se vería perpetuada por Teodorico II (legítimo sucesor tras la muerte, con sólo dos años, de su hermano mayor Torismundo) hasta el año 466, en que le sucede su hermano menor Eurico, también llamado el Grande. Tres siglos de dominación que alcanzarían su declive con el nieto de Teodorico I, el rey Alarico II, traicionado por los francos y muerto en la batalla de Vouillé a manos del mismísimo Clodoveo, de la dinastía merovingia, en el 507.

El Tesoro de Jerusalén.

Después de la derrota de Alarico II, y con la capital del reino trasladada a Toledo, tras la caída de su anterior capital Toulouse, el derrumbado imperio del norte visigótico sólo posee dos ciudades importantes: la fortificada Rhedae y Carcasona. Precisamente, ésta última es cercada e incendiada en el 508 por los francos, a las órdenes de Clodoveo. Al parecer, el mayor motivo del cerco era hacerse con el tesoro conquistado en Italia por Alarico el viejo, y trasladado hasta la ciudad por cuestiones de seguridad.

¿De qué tesoro se trataba? Este es uno de los puntos más calientes de la historia y base en la que se fundan algunas teorías sobre el misterio de Rennes-le-Château. Retrocedamos en el tiempo:

En el año 70 de nuestra era, Tito, hijo del emperador Vespasiano, pone sitio a Jerusalén.

En esta sagrada ciudad se halla el templo edificado por Salomón. Destruido por Nabucodonosor y reconstruido y restaurado varias veces por Esdras, Herodes el Grande y Herodes Agripa, alberga un santuario donde se guarda el mobiliario sagrado del ritual instaurado directamente por Dios. Entre otras piezas de incalculable valor, se encuentran la Mesa de los panes para la oblación, —de madera de acacia recubierta de oro—  y el candelabro de los siete brazos, la Menorah, —de oro macizo. Ambas piezas, más allá de su valor puramente crematístico, son dos símbolos de extraordinario valor espiritual para cualquiera de las religiones surgidas en esa zona del planeta.

Prueba de que Tito se apoderó de aquellos tesoros y los trasladó hasta la capital del imperio son los bajorrelieves de su arco en Roma que representan fielmente estas reliquias transportadas a hombros por soldados. Allí permanecerían durante 340 años  hasta la invasión de Roma por parte de Alarico el Viejo, que fallecería seis meses después de la toma de dicha ciudad. Con el tesoro sagrado en su poder, los visigodos extienden su imperio por la Galia y trasladan el mismo a la que era en aquel tiempo la capital de su reino, Toulousse.

En efecto, Carcasona había sido el destino, para garantizar la seguridad de tan preciada posesión tras la pérdida de Toulousse; pero todas las teorías apuntan que sometidos al asedio de Clodoveo los visigodos optaron por esconder el denominado Tesoro Antiguo en la más segura plaza de Rhedae, más directamente en su fortaleza, lo que hoy conocemos como Rennes-le-Château.

Tras la conquista de España por los árabes en el 711 y la expulsión de Carcasona de los obispos visigodos por su irrenunciable adhesión a la herejía del Arrianismo (que negaba la divinidad en la persona de Jesús), la corte visigoda se ve reducida a Rhedae. Se supone que decidieron ocultar la parte más preciada de su tesoro con el máximo de los cuidados, pues ni siquiera tras la toma de Carcasona por los árabes en el 725, se hace mención de la Mesa de oblaciones y el Candelabro. Sí aluden, en cambio, los cronistas árabes de la época, a una magnífica mesa de cristal verde o esmeralda, que se corresponde con la regalada por el patricio Aetius a Turismundo, hijo de Teodorico I, en agradecimiento por la colaboración de su padre en la lucha contra los hunos. Una prueba más de que los visigodos sabían muy bien lo que hacían a la hora de esconder unas y otras piezas, estableciendo una indudable escala de prioridades.

La última mención a un monarca visigodo en la zona se encuentra en la "Crónica Mozárabe del 754", donde hace referencia a un tal Ardo.

Los árabes respetaron, tal vez por sus magníficas instalaciones defensivas, a la ciudad de Rhedae, que permanecería intacta durante la reconquista efectuada por Carlomagno, quien la pondría bajo la protección del obispado de Narbona. Así permanecerá, alrededor de quinientos años, hasta que en 1170, Alfonso II de Aragón, ataca el condado y destruye la ciudad, —no así la fortaleza.

A principios del siglo XIII, se inicia la cruzada contra la herejía Cátara, extendida por toda Occitania. Esta guerra sangrienta contra los llamados albigenses, durará cincuenta años, dirigida por Simón de Montfort y auspiciada por el papa Inocencio III. La brutalidad de la represión se halla perfectamente manifestada en la descripción literal de las palabras del papa ante la pregunta de un oficial sobre cómo harían para distinguir a los herejes de los verdaderos creyentes: «Mátalos a todos. Dios reconocerá a los suyos», respondió el divino representante.

Sería en 1210 cuando Montfort se apoderaría de Rhedae; más exactamente, de la fortaleza que se erigía en este territorio. Junto con Rennes-les-Bains y Bézu, es cedida a Pierre de Voisins. El y sus descendientes gobernarán esta plaza hasta 1361, dotándola de una iglesia dedicada a San Pedro y un castillo, el mismo que se conserva hoy en día. Por esas fechas, Rhedae caerá diezmada por la peste y un año más tarde, será completamente destruida por el conde Enrique de Trastámara, pasando a denominarse con el nombre que aún conserva de Rennes-le-Château, en referencia al castillo que se alza sobre su colina.

Las sucesivas alianzas entre los clanes familiares de la zona, cuando en 1400 la última descendiente de los Voisins se casa con el señor de Marquefave y, más tarde, su hija Blanca de Marquefave entrega la posesión como dote a su futuro esposo Pierre-Raymond d'Hautpoul, pondrán en manos de la familia Hautpoul la baronía de Rennes-le-Château, que la conservarán hasta finales del siglo XVIII. El último Hautpoul sería Francois d'Hautpoul, casado con Marie de Nègre d'Ables, marquesa de Blanchefort, una de las principales protagonistas de nuestra historia; al menos, por el curioso y críptico epitafio que el abate Bigou grabó sobre la lápida de su tumba.

Un párroco nada habitual.

El 11 de abril de 1852, nace en Montazels, una pequeña localidad de la región del Aude, François Bérenger Saunière, hijo primogénito de Marguerite Hugues y Joseph Saunière, de una modesta familia que completarían otros dos hermanos y cuatro hermanas.

A lo largo de sus primeros años dará muestras de una capacidad muy por encima de sus compañeros, lo que hace prometer un futuro realmente brillante. A los 25 años, el 7 de junio de 1879, es ordenado sacerdote y destinado como vicario en Alet, donde disfrutará de las comodidades de un palacio episcopal situado en una estación balnearia. Poco después, se le envía como párroco al Clat, decanato de la región de Sault, del cual sería trasladado para ocupar el puesto de profesor en el seminario de Narbona.

Todo esto hacía presuponer una carrera meteórica en la línea de los ascensos eclesiásticos hacia lo que sería un puesto de canónigo. Así, y pese al desconocimiento de los acontecimientos exactos que provocaron su caída, es degradado y, como tal, se le envía al oscuro destino, marcado por el total aislamiento de su situación, de Rennes-le-Château.

La mañana del primero de junio de 1885, con treinta y tres años recién cumplidos, se presenta en lo que será su destierro. Ante él aparece una villa, con escasamente trescientos habitantes, en su mayoría agricultores, a la que se accede a través de un camino escarpado de más de tres kilómetros. Su presencia no pasa inadvertida. Se trata de un hombre alto, de constitución fuerte y con una mirada penetrante que parece atravesar a quien se topa con ella.

Su primera decepción, y la confirmación de su destino como un castigo, la encontraría al toparse con lo que sería su iglesia. Sta. María Madalena había sido construida a partir de un antiguo edificio del tiempo de los carolingios, entre los siglos VIII y XI, que a su vez se alzaba sobre los cimientos de una estructura visigótica del siglo VI. Consagrada para el culto en el año 1059, su estado era lamentable. El tejado era prácticamente inexistente, y la poca superficie que restaba se mantenía con dificultades sobre una bóveda totalmente desguarnecida. La lluvia y el viento campaban a sus anchas, llegando incluso a los límites del altar, lo que hacía prácticamente imposible celebrar un oficio sin que el cura y los feligreses terminaran empapados por completo.

De igual modo se encuentra el presbiterio, lo que obliga al párroco recién llegado a alojarse en la casa de una vecina, Alexandrine Dénarnaud, madre de Marie, una muchacha de 18 años, hasta el momento sombrerera en la localidad de Espéraza (muy cercana a la villa donde nació Saunière) y que entraría al servicio del párroco, convirtiéndose en su fiel compañera y colaboradora, con una lealtad que arrastraría más allá de la muerte del propio Bérenger.

Por aquella época, el sueldo que cobraba un párroco de estas características era escaso; pero no suponía un excesivo problema pues solía completarse con las dádivas que recibía de sus feligreses. Sin embargo, el talante inconformista de Saunière le llevaría a una situación ciertamente desesperada. Poco después de su llegada a Rennes-le-Château, el 4 de octubre de 1885, y unos días antes de las elecciones, pronunciaría un discurso profundamente monárquico, a favor de los Borbones, que le acarreó como consecuencia la retirada de su sueldo por el gobierno republicano. Durante toda esta época de suspensión se vio obligado a vivir de la caridad y de las frecuentes excursiones que realizaba por toda la región para proveerse, a través de la caza y la pesca, del condumio para su manutención. (Se especula si estas continuas andanzas por la región le proporcionarían unos provechosos conocimientos para sus ulteriores investigaciones).

Pero no sólo de pan vive el hombre, y así Saunière, además de sus múltiples correrías campestres, ocupaba el tiempo en el estudio de las lenguas clásicas y del rico pasado histórico de la región a la que había sido desterrado.

Sobre este punto, el desmesurado interés arqueológico que se despertó en el párroco de Rennes-le-Château, parece tener alguna culpa Henri Boudet, párroco de otra localidad cercana, Rennes-les-Bains, y extravagante individuo, que se convertiría en uno de sus mejores amigos. Posiblemente fuera él quien impulsó a Saunière para que acometiera las labores de restauración de la iglesia. Lo que no está tan claro es de dónde provino el dinero, unos 518 francos (aproximadamente unas trescientasmil pesetas actuales), dado el lamentable estado económico de las cuentas de Saunière. Éste, sin embargo, mantuvo hasta el final de sus días que la cantidad provenía de una donación de la condesa de Chambord, viuda austríaca de Henry de Chambord, pretendiente al trono de Francia y decapitado durante la Revolución Francesa en 1793. El inminente fallecimiento de la condesa, en 1886, le salvó de cualquier intento de confirmación; tanto del donativo, sobre el que nunca pudo aportar una prueba contable, como del extraño interés de tan distinguida dama por un vulgar cura de pueblo. Más posible sería que se tratase de un afortunado encuentro por parte de Saunière de alguna cantidad escondida por su predecesor, el abate Pons; el feliz primer hallazgo de toda una serie que transformarían radicalmente la vida de este párroco.

Aparecen los pergaminos.

Ese mismo año, y todavía sin salario, Saunière acomete las obras de restauración de la iglesia de Santa María Magdalena. Comenzó por la parte más esencial de un templo: el altar. Se trataba de una mesa de piedra que descansaba sobre dos pilares visigóticos. Según las declaraciones de algunos de los testigos, (entre los que se encontraban los albañiles y dos monaguillos), al levantar la piedra descubrieron que uno de los pilares estaba hueco y que contenía en su interior cuatro pergaminos envueltos en tubos de madera sellados. Uno de estos pilares visigóticos fue colocado, años más tarde, por el propio abate Saunière delante del presbiterio, dado la vuelta y con la extraña inscripción "MISSION 1891". (La fecha de esta leyenda, junto con el viaje emprendido por el abate a París tras el hallazgo, induce a pensar a algunos estudiosos del tema que el inicio de las obras parte de ese año).

La desaparición del supuesto pilar hueco y la existencia de un balaustre de madera con una cavidad hueca a la que se puede acceder deslizando una trampilla y que todavía se halla en poder de la familia Corbu-Captier, legataria universal de Marie Dénarnaud, la criada y compañera de Saunière, hacen más plausible la teoría de que los pergaminos se encontraran en este receptáculo, tal como lo relató el campanero Captier, quien tras encontrarlos los puso al momento a disposición del párroco.

Sobre el contenido de este hallazgo, y las diferentes versiones acerca del mismo, también nos movemos en el resbaladizo terreno de la controversia. La relación más aceptada nos habla de cuatro pergaminos. Dos de ellos contenían, al parecer, la descripción de unas genealogías: una de 1244 y otra de 1644; y los otros dos habían sido redactados en 1780 por el abate Antoine Bigou, predecesor de Saunière en esa misma iglesia. Estos últimos ofrecían, en una primera mirada, la redacción de unos versículos en latín de textos del Evangelio según San Juan y otros versículos de Lucas, Mateo y Marcos. Pero decíamos bien que en una primera mirada, pues al observarlos más atentamente podían descubrirse unas extrañas alteraciones: las palabras aparecían truncadas, sin el menor propósito, con adiciones de otras letras que en apariencia no aportaban ningún sentido. En realidad se trataba de una ingeniosa encriptación.

Según los estudiosos del tema, los textos que contenían, tras ser descifrados, eran los siguientes:

BERGERE PAS DE TENTATION QUE POUSSIN TENIERS GARDENT LA CLEF PAX DCLXXXI PAR LA CROIX ET CE CHEVAL DE DIEU J'ACHEVE CE DAEMON DE GARDIENT A MIDI POMMES BLEUES

(PASTORA SIN TENTACIONES QUE POUSSIN TENIERS GUARDAN LA LLAVE PAX DCLXXXI POR LA CRUZ DE ESE CABALLO DE DIOS QUE ANIQUILO ESE DEMONIO GUARDIAN AL MEDIODIA MANZANAS AZULES)

A DAGOBERT II ROI ET A SION EST CE TRESOR ET IL EST LA MORT

(A DAGOBERTO II REY Y A SION PERTENECE ESTE TESORO Y EL ESTA ALLI MUERTO)

Sería muy difícil aventurar que Saunière no hubiese alcanzado a descifrar parte de los códigos, más estando estos en latín, idioma que dominaba; pero de lo que se dio perfecta cuenta es de que se hallaba ante algo muy importante. Conseguido el permiso del alcalde, que estaba al tanto del descubrimiento como el resto del pueblo, y tras entregarle una copia de los pergaminos, —aunque nunca podrá establecerse si fue fidedigna—, los puso en manos de su superior, monseñor Félix-Arsène Billard, obispo de Carcasona.

Mientras tanto, Saunière prosiguió con las obras de restauración. Con la ayuda de dos operarios levantó una losa que se hallaba delante del altar. Al instante repararon en que se trataba de la lápida de una sepultura que había sido colocada boca abajo. Pese a las prisas del abate por despedir a los albañiles nada más percatarse del descubrimiento, estos tuvieron tiempo de entrever una vasija que contenía algo brillante. Saunière reaccionó rápidamente, explicándoles que se trataba de medallas de la Virgen de Lourdes; pero los acontecimientos posteriores nos revelarían que se trataba de algo más substancioso.

En realidad, la lápida en cuestión es la famosa "Losa de los Caballeros", que se expone actualmente en el museo de Rennes-le-Château, perteneciente a la época merovingia, y en la que aparece a la izquierda un jinete sobre su montura con una trompa y a la derecha dos caballeros a lomos del mismo caballo (coincidencia más que enigmática con el conocido símbolo templario, teniendo en cuenta la diferencia de siglos). Bajo ella debía albergar una tumba del siglo VIII, donde Saunière encontró monedas antiguas, un cáliz, un brazalete y otras joyas de la época, algunas de las cuales regaló a sus más íntimos amigos.

El viaje a París.

Poco tiempo después, (aunque aquí vuelve a plantearse el problema de las fechas, dado que no existe ningún documento que certifique la estancia del párroco en la capital francesa en 1891), Monseñor Billard, decidiría que la importancia de los pergaminos exigían el desplazamiento de Saunière a París, para que los presentase a autoridades eclesiásticas con mayores conocimientos en paleografía. Entre las autoridades eclesiásticas que lo recibieron destacaban el abad Bueil, director del seminario de Saint Sulpice, y su sobrino Emile Hoffet, que a pesar de su corta edad, veinte años, disfrutaba de gran consideración entre los círculos intelectuales, gracias a sus conocimientos de lingüística, paleografía y criptografía.

Pese a lo que parecía una clara vocación pastoral, Hoffet se sentía profundamente atraído por los temas esotéricos y era bien conocida su relación con sociedades secretas de aquella época. Probablemente, sería él quien introdujo a Saunière en los círculos intelectuales de la capital, presentándole a ilustres personajes como Stéphane Mallarme o Claude Debussy y, a través de ellos a Emma Calvé, gran diva de la época, muy relacionada con los ocultistas más influyentes.

Nada se sabe de los comentarios de Hoffet acerca de los pergaminos; pero aseguran que el abate, tras el caluroso recibimiento dispensado por la sociedad artística parisina, permaneció durante varias semanas en la capital, dando pábulo a los rumores sobre su relación sentimental con Emma Calvé, que a decir de algunos de sus contemporáneos estaba profundamente obsesionada con Saunière. Fuera esto último cierto o no, su amistad perduró durante muchos años, en los que la diva realizó numerosas visitas a Rennes-le-Château.

No podemos olvidar otro hecho importante de la estancia de Saunière en París. Según parece, el párroco aprovecharía para visitar el museo del Louvre, donde adquirió tres reproducciones de cuadros. Una de ellas sería un retrato del papa Celestino V, de autor desconocido; otra, una copia de un cuadro de David Teniers, aunque no está claro si se trataba del padre o del hijo; y, finalmente, (de gran importancia en las consecuencias del misterio de Rennes-le-Château), un cuadro de Nicolas Poussin: "Los pastores de la Arcadia".

A su vuelta de París, Saunière continua con sus pesquisas. Con la inquebrantable colaboración de Marie Denarnaud, acomete unas supuestas obras en el cementerio de la iglesia. Estas obras, rodeadas de un absoluto secretismo, despertarían las suspicacias de los vecinos, hasta el punto que años más tarde manifestarían su desconcierto y protesta ante el prefecto.

Uno de los sucesos más extraños está relacionado con la profanación del sepulcro de Marie de Nègre d'Ables, esposa del marqués François Hautpoul de Blanchefort. Esta tumba, que se hallaba en el camposanto de la iglesia, había sido diseñada, un siglo antes, por el padre Antoine Bigou, que supuestamente era el autor de dos de los manuscritos. Bigou mandó grabar en la lápida una inscripción aparentemente normal, que no obstante contenía varios errores ortográficos y de espaciamiento que Saunière pudo fácilmente identificar como un anagrama de los mensajes contenidos en los pergaminos anteriormente citados. Además, amparada en la posición de las letras, revelaba también la firma del propio Bigou.

Desconociendo que la estela había sido previamente estudiada y reproducida por unos arqueólogos en el Bulletin de la Société des Études Scientifiques de l'Aude, Saunière pulió la lápida hasta borrar las inscripciones, trasladándola además al extremo opuesto del cementerio como si quisiese borrar toda huella.

Exhumaciones y un secreto.

Desde ese momento, Bérenger Saunière y su fiel Marie, reanudan las excavaciones; pero esta vez con el impulso que da la confianza de saber qué se está buscando. Es verdad que siguieron apareciendo piezas de indudable valor arqueológico y alhajas antiguas; de ello dan fe los múltiples regalos todavía en poder de numerosas familias de la zona. Sin embargo, no se trata de tesoros que pudieran provocar el cambio que se avecinaba.

Inexplicablemente, Saunière empieza a coleccionar sellos, de escaso valor, en grandes cantidades y mantiene una voluminosa correspondencia con desconocidos de toda Francia, además de Alemania, Austria, Suiza, Italia y España. También efectúa extrañas transacciones monetarias con varios bancos. Uno de ellos envió expresamente desde París a su representante para negociar directamente con el abate alguna operación monetaria. Su despensa empieza a rebosar y la bodega acoge, en grandes cantidades, barriles con los mejores caldos de Francia.

Con todo, no debe interpretarse que el Padre Bérenger Saunière emplease toda esa fortuna en su único provecho. Fue él quien sufragó enteramente los gastos de la construcción de una nueva carretera que uniese a Rennes-le-Château con la región de la que se encontraba completamente aislada. Además, también se encargó de las obras para la creación de una infraestructura de agua corriente para todo el pueblo. Como puede suponerse, las anteriores reticencias de la vecindad por su extraña afición a la arqueología nocturna, desaparecieron por completo.

Ostentación y vida social

¿Quién se hubiera arriesgado a predecir que aquel enérgico párroco, al que una lengua demasiado imprudente le había conducido a vivir a espensas de sus dotes cinegéticas, pocos años atrás, terminaría por alterar radicalmente el tedioso ritmo de Rennes-le-Château? Los hechos hablaban por si mismos. Las idas y venidas, por la otrora tranquila villa, de toda clase de operarios, mulas y carros, en un pulular incansable de andamios y cargamentos del apreciado granito azul de Saint-Sauveur, indicaban que Saunière estaba acometiendo un proyecto considerable. El párroco se había metido a constructor; y para ello había adquirido seis fincas colindantes al terreno de la iglesia.

Las conjeturas no tardarían mucho en aclararse. Bajo la dirección del arquitecto Tiburce Caminade y el contratista Élie Bot, el abate hizo construir en las lindes de la antigua muralla una torre cuadrada de dos pisos en estilo neogótico, rematada con almenas y una sobresaliente atalaya orientada hacia el valle, la Torre Magdala. Estaba destinada a albergar la fastuosa biblioteca de Saunière, compuesta por más de un millar de ejemplares de lujosa encuadernación y acomodados en una librería hecha ex profeso con maderas de la mejor calidad.

Si esta construcción y su interesante colección de libros despertaban la mayor de las admiraciones, no menos lo hacían el resto de las edificaciones. A espaldas de la torre se encontraba un invernadero coronado por vidrieras y un cuidado parque con estanque donde podía disfrutarse de la compañía de los más exóticos pájaros y peces, amén de perros, conejos y... dos monos. La ornamentación floral era atendida con esmero, incluyendo plantas de lejanos países. Toda esta combinación producía, al decir de los visitantes, la sensación de encontrarse en el Jardín de las Mil y una Noches.

Cruzando el parque en dirección a la iglesia se alzaba sobre sus tres pisos una opulenta casa de corte parisino, Villa Bethania. Saunière nunca habitó en ella, ya que según sus propias declaraciones serviría de casa de retiro para los padres reformados de la región. Las habitaciones estaban decoradas en color rosa, con muebles estilo Napoleón III y repletas de los objetos más refinados, desde primorosas cristalerías hasta delicados jarrones. En realidad, serviría para albergar a los numerosos invitados que recibiría en los próximos años.

Además de sus parroquianos, que siempre disfrutarían de la cariñosa hospitalidad dispensada por el abate, acompañada de muy copiosas y celebradas comidas, comienzan a desfilar por Rennes-le-Château toda una serie insólitos personajes; por lo menos, no los que uno espera encontrarse en aquel lugar tan alejado de la civilización.

Además de eclesiásticos de la zona, como el abate Baux, el abate Rivière y sus dos enigmáticos, —luego veremos por qué—, y grandes amigos Antoine Gélis y Henri Boudet, párrocos de Coustaussa y Rennes-les-Bains, respectivamente; aparecen viejas amistades, o más que eso, como la cantante Emma Calvé y otros personajes de elevado rango social y sospechosas afinidades. Entre ellos, el francmasón y secretario de Estado para las bellas Artes, Henry-Charle-Etienne Dujardin, la escritora esotérica Andrée Brugière, o la más que iniciada en el martinismo y descendiente de famosos ocultistas, marquesa de Bourg de Bozas.

Pero, si la comparecencia de alguno de sus invitados puede llegar a sorprendernos de verdad, esa es la del archiduque Juan de Habsburgo, primo del emperador de Austria, Francisco José; que a pesar de las precauciones tomadas para salvaguardar su incógnito, era recordado con facilidad por algunos de los visitantes de Villa Bethania. Más tarde, la perplejidad aumentaría cuando, a través de los estado de cuentas, se certificó la existencia de una sustanciosa suma que el archiduque cedió al abate. 

Saunière, secundado por la indispensable Marie Darnaud, que ya por entonces acostumbraba a lucir lujosos vestidos comprados en París, se desvivía en atenciones con sus huéspedes. Haciendo siempre gala de la mejor de las sonrisas, no reparaba nunca en gastos para lograr que su estancia en Rennes-le-Château se viera colmada hasta en los más ínfimos deseos. Animado conversador, disfrutaba sorprendiendo a sus contertulios con todo tipo de curiosidades provenientes de lejanos países o que él mismo encargaba para entretener las reuniones. Así, por ejemplo, se menciona el encargo hecho por el párroco a un prestigioso cristalero de un juego de copas de cristal de diferentes tamaños, de tal forma que al ser sucesivamente golpeadas con una cucharilla reproducían la melodía del Ave María. Uno más, dentro de sus innumerables caprichos de nuevo rico.

Mas todas estas atenciones y lisonjas no podían ser motivo suficiente para que personas acostumbradas al lujo y la buena vida se tomaran la molestia, —y en aquella época, con el pésimo estado de los caminos, resultaba mucha—, de visitar tan a menudo al abate Bérenger Saunière. ¿Qué oscuro interés les unía al extravagante párroco? ¿Escondían tras sus respetables apariencias algo más que una simple disposición hacia los asuntos de índole espiritual?

Extraños coadjutores

Se ha especulado mucho acerca de la clase de relación que unía al abate Saunière con Henri Boudet y Antoine Gélis, ambos sacerdotes de las parroquias vecinas de Rennes-les-Bains y Coustaussa.

Si en el primero algunos han querido ver al principal incitador de la afición del abate Saunière por la historia local; el segundo guarda una extraña relación con nuestro protagonista por la inexplicable procedencia de las fuertes cantidades de dinero descubiertas a raíz de su misteriosa muerte.

Las enigmáticas circunstancias que rodean al asesinato del abate Gélis siguen constituyendo, aún hoy en día, un verdadero galimatías para todos aquellos que intentan desentrañar la identidad y motivos de su asesino.

El primero de noviembre de 1897, aparecía rodeado por un gran charco de sangre, sobre el suelo de su cocina, el cadáver del abate Gélis. El cráneo y la cara presentaban catorce heridas producidas por el impacto violento de un instrumento contundente; sin embargo, el asesino hizo acopio de la suficiente frialdad para colocar el cuerpo de la víctima con las manos unidas sobre el pecho y una pierna replegada hacia dentro, teniendo extremo cuidado de esquivar los charcos de sangre para no dejar ninguna huella. Tanto el el piso superior como en la planta baja se apreciaba el resultado de una infructuosa búsqueda: cajones, armarios y carteras habían sido forzados; pero el objeto del registro, como se pudo comprobar tras la aparición de quinientos francos, no era el dinero.

La noticia del crimen conmocionó a toda la zona y, más aún, cuando se divulgó que según todos los indicios el atacante debía de ser conocido de la víctima, pues no se hallaron evidencias de cerraduras forzadas. La versión de los investigadores aventuraba que el abate Gélis había recibido a una persona de su confianza a altas horas de la noche y que ésta, en un descuido del abate, habría aprovechado para matarla. Confirmaba esta teoría el conocido carácter huraño del párroco y su obsesión por la seguridad, que le llevaba a dormir durante todo el año, —incluso en el verano—, con los postigos cerrados, habiendo hecho instalar en la entrada del presbiterio una campanilla para detectar la presencia de cualquier extraño. A este hecho se unía la declaración de su sobrina en la que afirmaba tener visto al abate, dos semanas antes del trágico suceso, conversando en la sacristía con un hombre al que no pudo identificar. Al ser descubiertos, el abate corrió a cerrar la puerta, aclarando posteriormente a la curiosidad de su sobrina, sabedora de que era hombre remiso a tratarse con nadie, que se trataba de un amigo.

Pero fue más tarde, al investigar en busca de pruebas entre los papeles del difunto, cuando la estupefacción del juez llegó a su punto más álgido. Incluidas en el expediente aparecen las cuentas de los dos últimos años y, junto a ellas, una nota donde el abad indica que escondida en distintos puntos de la casa se halla una cantidad de trece mil francos.

En el registro efectuado tras este descubrimiento fue encontrada la casi totalidad de la suma; pero el rompecabezas seguía incompleto: ¿Cómo un párroco, cuyos ingresos no alcanzaban a más de novecientos francos al año y que no poseía otras fuentes de beneficio reconocidas salvo las de su cargo, podía acumular tal cantidad de dinero? ¿Y por qué, ya que disponía de ella, nunca dejó entrever en su forma de vida tal provecho?

En cuanto al abad Henri Boudet, nos encontramos con un personaje extremadamente peculiar; sobretodo si atendemos al contenido de alguna de las obras que publicó durante su vida. Quince años mayor que Saunière, su imagen pública nos dice bien poco acerca de su persona, salvo que vivía con su madre y su hermana en Rennes-les-Bains, repartiendo sus labores entre la iglesia y la huerta. No obstante, tras esta imagen apacible, se escondía un estimable erudito en temas lingüísticos y arqueológicos que, al igual que Saunière, ocupaba su tiempo libre en recorrer la zona excavando y removiéndolo todo de forma inexplicable. Resulta curioso saber, —y en esto también coincide con el abad de Rennes-le-Châteu—, su empeño en falsear algunas de las lápidas que se hallaban en el camposanto de su parroquia, entre ellas, la de su predecesor que, ¡cómo no!, mostraba raras inscripciones.

Pero lo paradójico del caso se encuentra en su obra "La vraie Langue Celtique et Le Cromleck de Rennes-les-Bains". Salvo que se trate de un ejemplo claro de precursor del surrealismo o de un bromista, nadie encuentra una explicación lógica al contenido de este libro; al menos, tomado al pie de la letra. Para empezar, no existe ningún cromlech en Rennes-les-Bains, ni nada que se le parezca; y es impensable que un experto en arqueología hubiera podido confundir cualquier otro resto con este tipo de construcción.

En cuanto a la tesis fundamental del libro, la verdadera lengua celta, raya en el más puro disparate, si no es producto de una profunda crisis mental.

En ella sostiene Boudet que la lengua primitiva de la humanidad es el inglés y que todos los demás idiomas y lenguas, desde el sánscrito hasta el español, desde el más antiguo hasta el más moderno, proceden de ella. Para demostrar su teoría, salpica el libro de una serie de ejemplos delirantes, a cual más absurdo. Sin embargo, no existe ninguna constancia de que el abate de Rennes-les-Bains sufriera en su vida algún trastorno cerebral; muy al contrario, algunos de sus trabajos lingüísticos fueron publicados en revistas científicas, recibiendo numerosas felicitaciones académicas.

Llegados a este extremo, surge ante nosotros un título revelador y que nos pondrá sobre la verdadera pista de las intenciones de Boudet. Se trata del "Discurso para probar la antigüedad de la lengua inglesa" de Jonathan Swift, famoso por las aventuras de su personaje Gulliver. Esta obra humorística está escrita, según nos revelará el propio autor, utilizando un peculiar «art of punnig», es decir, un juego de palabras, que consiste en utilizar términos aparentemente inconexos, pero que al ser leídos en voz alta, gracias a su similitud de sonido, adquieren un sentido coherente. Es entonces cuando comprendemos que el mismo abate Boudet nos había revelado la solución al afirmar en distintas páginas de su libro que utilizaba la lengua púnica; pero no la de Cartago, sino la de Swift.

Se trata pues de un libro escrito en clave, con un sistema lo suficientemente enrevesado como para no ceñirse a un sólo idioma. Desconociendo sus reglas, descifrarlo se vuelve una tarea casi imposible. Pero, a pesar de ello, podemos conocer cual es la intención de la obra; el propio Henri Boudet nos lo dice: «Penetrar en el secreto de una historia local por la interpretación de un nombre compuesto en una lengua desconocida». En pocas palabras: en cualquier texto, en cualquier inscripción (¿los pergaminos?, ¿las lápidas?) puede encontrarse oculto el secreto de una historia.

Saint-Marie Madelaine. ¿Templo o logia?

Si el abad Henrie Boudet era aficionado a la criptología, no le iba a la zaga su amigo Bérenger Saunière. No hay más que acercarse a la iglesia de Sta. María Madalena en Rennes-le-Château, para descubrir que la extraña decoración realizada por el escultor Giscard, siguiendo fielmente las indicaciones del abate Saunière, se debe a algo más que a un muy peculiar gusto estético. (Por cierto, no se trata del único trabajo excéntrico de este artista).

¿Se esconden tras esa caprichosa ornamentación las claves precisas de un mensaje que sólo puede ser captado por los iniciados? ¿Encubre la apariencia, de dudoso gusto, de esa iglesia algo que va más allá de las funciones de un templo dedicado al culto? Lo cierto es que para el ojo atento del observador resulta demasiado estrafalaria, para ser el simple fruto de la casualidad.

Ya en la misma entrada nos sorprende con una frase grabada en el dintel de la puerta:

TERRIBILIS EST LOCUS ISTE

(ESTE LUGAR ES TERRIBLE)

La frase no parece precisamente la más adecuada para animar a los fieles a entrar en la casa de Dios; pero no cesan ahí las sorpresas. Como para confirmar el anterior aserto, traspasado el umbral, nos topamos a la izquierda con un demonio cojo que sostiene sobre sus hombros la pila bautismal en forma de concha. ¿Se trata de Asmodeo, el guardián de los secretos, el mismo que según una antigua leyenda judaica construyó el Templo de Salomón? No debe preocuparnos, sobre su cabeza se halla escrita la solución para doblegarlo, la célebre expresión que propició la conversión del emperador Constantino: «In hoc signo vinces».

PAR CE SIGNE TU LE VAINCRAS

(CON ESTE SIGNO VENCERÁS)

Y ese es precisamente el signo que realizan sobre su frente los fieles al mojar sus dedos en el agua bendita: el signo de la Cruz.

Sin perjuicio de que se trate de una errata del grabador, el añadido de la palabra «le» supone para algunos estudiosos algo más que una mala traducción, estableciendo que está compuesta precisamente por las letras 13ª y 14ª de la Cábala, que juntas componen la fecha, 1314, en que fue ajusticiado en la hoguera el Gran Maestre de la Orden Templaria, Jacques de Molay.

Sobre las paredes del templo, se observan las pinturas que representan las estaciones del Vía Crucis. Junto al curioso detalle de que han sido colocadas en sentido inverso, llegamos a observar que presentan una serie de inconsistencias, algunas verdaderamente obvias. Como ejemplo, citemos dos de ellas: En la 8ª estación aparece un niño vestido con una falda de tejido escocés, lo que podría interpretarse como una referencia al rito masónico. Por otro lado, en la decimocuarta, se representa el entierro de Jesús, pero con la particularidad de que está envuelto por un cielo nocturno, es decir, mucho tiempo después de la hora que se señala en la Biblia. ¿Se trataba tal vez de insinuar que en vez del entierro, lo que se representaba era el rescate de un Jesús moribundo, pero aún no fallecido, de la tumba cedida por José de Arimatea? Si así fuera, y siguiendo en la dirección normal del deambulatorio, tendría sentido encontrarse después con la imagen de la Cena.

Las incongruencias son múltiples en todo el conjunto. Tantas, que inquietaron al propio obispo de Carcasona. En cambio, nada tuvo que objetar sobre las repetidas apariciones de cruces adornadas con rosas y otras figuras que podrían hacer clara referencia a la Orden Rosacruz.

Quizás, precisamente ahí, en el velado sentido del rompecabezas de Santa María Madalena se encuentre la verdadera pista respecto al contenido o el carácter del tesoro que supuestamente encontró Bérenger Saunière, párroco de Rennes-le-Château.

Código Templario

El verdadero origen del Código da Vinci

“El Código da Vinci” ha popularizado unas hipótesis que en realidad ya eran conocidas por muchos de los estudiosos de esos temas, incluso ya con anterioridad de habían publicado libros detallados sobre cada uno de ellos, quizá el mérito de Dan Brown haya sido el unirlos en una única trama y popularizarlos, aunque se dejó en el tintero otros que la complementarían.
Todo lo que se narra sobre la Capilla de Rosslyn, Rennes le Chateau y Leonardo da Vinci –cuyos códigos secretos dan título al libro-, junto con otros que ahora citaremos, en realidad bien podrían llamarse “El Código Templario”, ya que da Vinci era supuestamente un simple adepto o iniciado a esos conocimientos. Pero los templarios fueron en gran parte y a la vez, artífices, difusores y colaboradores en los mismos.

Son secretos anteriores a la Orden del Temple, pero su organización sirvió de base para su redescubrimiento, guiados por personas que conocían al menos el parte aquello que a su amparo se desarrolló totalmente. Unos conocimientos transmitidos luego en los ritos masónicos coexistiendo con ellos tanto durante su existencia como Orden oficial, como tras su disolución.

Como el tema daría para varios libros y aquí solo tenemos el espacio de un artículo vamos a condensar cuales eran esas claves y qué secretos fundamentales desvelan. Los cuales conocieron –posiblemente guiados para hacerlo- en sus contactos en Oriente que trajeron a Europa y tras su desaparición oficial se difundieron a través de movimientos secretos templario-masónicos.

Leonardo da Vinci

Una de las múltiples teorías que sobre el verdadero contenido del “secreto templario” parece tener más verisimilitud es el enunciado por Lynn Picknett y Clive Prince en su libro: The Templar Revelation. En el mismo narran la investigación que realizaron y que parece un claro antecedente de las conclusiones en cuyos hechos basa su novela Dan Brown el cual posiblemente se inspirara en el citado libro de estos autores cuya conclusión final es que el verdadero fundador del cristianismo es Juan el Bautista y que ambos seguían una corriente herética judaica con base en la religión tradicional egipcia.

Isis con Horus niño en brazos. La semejanza es tan evidente que no precisa comentario sobre el origen de la iconografía cristiana sobre la virgen. Culto que “tapó” al de la diosa, en igualdad de paridad con cualquier dios masculino, transformándola en simple madre. Sin duda los templarios, como otros tantos iniciados, conocían la verdad

. Es decir, que Jesús no fue el fundador y que su doctrina era egipcia. Según eso los seguidores “auténticos” del cristianismo primitivo y que se desplazaron al sur de Francia en aquella época predicaban una doctrina muy diferente a la adoptada por San Pablo y que devino en el cristianismo oficial. De ahí surgió luego el catarismo, y más tarde el secreto fue descubierto por el famoso Berenguer Saunière, el cura de Rennes, aunque siempre hubo iniciados (de los que los templarios formaron parte y contribuyeron a aumentar sus conocimientos) que lo conocieron y dejaron huellas de ello en forma de diversos códigos o señales. Las numerosas vírgenes negras –y el propio culto de la virgen- no serían más que una transformación del culto a Isis.

La Magdalena sería una sacerdotisa de este culto primitivo y como seguidora de Juan el Bautista estaría no solamente apartada del cristianismo luego oficial, sino más tarde del mismo Jesús. Por eso en su “última cena” Leonardo pinta a la Magdalena en un ángulo de inclinación opuesto a Jesús no por marcar la V que dice Dan Brown, sino para señalar dos cosas clave ambas: Que la figura no era San Juan, sino Magdalena, una mujer, y que ésta se “apartaba” del Jesús de la Iglesia y también del real. Sin embargo no deja de resaltar –y esto forma también parte del secreto y de ahí la veneración extrema de los templarios a la virgen- que tanto Juan como Jesús tuvieron compañera, que el sentido de la divinidad queda incompleto sin la parte femenina.

La última cena

Tampoco todo esto es nada nuevo para muchos aficionados a la investigación esotérica, al respecto ya con anterioridad se publicaron otros libros como: Faraón Moisés, Faraón Jesús, cuyo autor –José Antonio Solís- llega a la conclusión de que posiblemente la misma religión judaica proviene directamente de Egipto. Algo de lo que dejó constancia la Historia en los llamados “sucesos de Tanis” y que los participantes en el éxodo bíblico no serían más que egipcios desterrados; por tanto Jesús sería un profeta que intentaba regresar a las fuentes originales de sus creencias.
Sea cual sea la conclusión el sentido es que los templarios, o al menos los que de entre ellos eran iniciados, conocían total o parcialmente los orígenes verdaderos del cristianismo. Ese era su gran secreto, el que les llevó finalmente a la ruina.
Pero el conocimiento continuó de forma oculta, Leonardo da Vinci no sería más que otro de los iniciados en estos misterios.
Tras la desaparición oficial del Temple, la misma orden se divide en varias ramas, unas simplemente se transformaron en otras órdenes como la de Cristo en Portugal –que tuvo una fundamental participación en los descubrimientos del siglo XV que abrieron Europa al mundo, como el viaje de Colón- y la más secreta de San Andrés y del Cardo, en Escocia, que derivó posiblemente al menos en parte, en la masonería moderna.

Neyland Bayon

viernes, 17 de octubre de 2008

masonería

 

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Francmasonería

Fundador
Hiram Abif

Deidad Máxima
Gran Arquitecto del Universo

Tipo
Esoterismo

Nombre de seguidores
Masones o francmasones

Ramas
Masonería de York, Masonería Escocesa, Masonería Mixta, Derecho Humano, Rito de Menfis-Mizraim, Masonería Egipcia

País con mayor cantidad de masones
Estados Unidos

La escuadra y el compás es quizás el más conocido emblema masónico.

La Francmasonería o masonería es una organización autodenominada como de carácter iniciático, filantrópico y filosófico. Sus miembros y simpatizantes sostienen que tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano. Los masones, tanto hombres como mujeres, se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato".

Aparecida en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna o "especulativa" ha sido descrita a menudo como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno.

La historia institucional de la masonería presenta numerosas disidencias, cuyas principales causas, con importantes matices y derivaciones, están relacionadas con la admisión de la mujer en la masonería, la cuestión de las creencias religiosas o metafísicas, la naturaleza de los temas tratados o la forma de trabajar de las logias, así como con las bases sobre las que se fundamenta la regularidad masónica. La existencia de distintos puntos de vista sobre estos y otros temas ha dado lugar al desarrollo de distintas ramas o corrientes masónicas, que a menudo no se reconocen entre ellas.

Contenido

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Orígenes

Francmasón.

Una de las leyendas más importantes de la Francmasonería atribuye a Hiram Abif, mítico arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, la fundación de la orden masónica. Algunos textos retrotraen el origen de la masonería a épocas de aún mayor antigüedad, llegando a considerar como fundadores a distintas figuras bíblicas como Tubalcaín, Moisés, Noé o el mismísimo Adán. Más realistas, pero todavía en el ámbito de lo mítico o de lo pseudohistórico, diversos autores han atribuido este origen a los constructores de las pirámides en el antiguo Egipto, a los Collegia Fabrorum romanos, a la orden de los Templarios, la de los Rosacruces o a los humanistas del Renacimiento.

Es comúnmente aceptado que la Francmasonería moderna procede de los gremios de constructores medievales de castillos y catedrales, que evolucionaron hacia comunidades de tipo especulativo e intelectual, conservando parte de sus antiguos ritos y símbolos. Este proceso, que pudo iniciarse en distintos momentos y lugares, culminó a principios del siglo XVIII.

Los constructores o albañiles medievales, denominados masones, disponían de lugares de reunión y cobijo, denominados logias, situados normalmente en las inmediaciones de las obras. Era común a los gremios profesionales de la época el dotarse de reglamentos y normas de conducta de régimen interior. Solían también seguir un modelo ritualizado para dar a sus miembros acceso a ciertos conocimientos o al ejercicio de determinadas funciones. Los masones destacaron especialmente en estos aspectos.

Los gremios de constructores, albañiles y arquitectos son mencionados en varios de los más antiguos códigos de leyes, incluido el de Hammurabi (1692 a. C.). Pero suele considerarse que el primer código regulador específicamente masónico fue el que el rey Athelstan de Inglaterra dio a estas corporaciones en el año 926, el denominado Constituciones de York. Este manuscrito se perdió en el siglo XV y fue reescrito de memoria por los que lo conocían. Por este motivo, la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248, son el documento masónico original más antiguo que se conoce. Trata de aspectos jurídicos, administrativos y de usos y costumbres del gremio. Le siguen en antigüedad otros documentos, como el Poema Regius o manuscrito Halliwell (1390), el Manuscrito Cooke (1410), el Manuscrito de Estrasburgo (1459), los Estatutos de Ratisbona (1459), los de Schaw (1598), los de Absolion (1668) y el Sloane (1700). Todos estos manuscritos se refieren a la masonería "operativa" o gremial, de la que especifican, sobre todo, las reglas del "oficio" , y los historiadores suelen referirse a ellas en un sentido genérico como "constituciones góticas".

Respecto a los rituales masónicos, el primer documento de relevancia del que disponen los historiadores se refiere a una de estas organizaciones de la construcción que es particular de Francia, el Compañerismo Compagnonnage, y data de 1655. Sin embargo, ya desde 1630 aparecen distintos documentos que aluden a los usos rituales de la masonería escocesa. El ritual masónico completo más antiguo que se conoce es el manuscrito denominado Archivos de Edimburgo, que data de 1696.

Con la evolución de la sociedad y las transformaciones económicas, la mayoría de las logias de la masonería operativa dejaron poco a poco de ejecutar obras materiales, transformándose en organizaciones fraternales, pero conservando, en parte, sus usos y costumbres tradicionales. La Francmasonería especulativa es el producto de esta transformación. Desde el siglo XVII, algunas logias de masones operativos comenzaron a recibir como miembros a personas ajenas al oficio, generalmente clientes, nobles o benefactores. El perfil de estos masones aceptados solía ser el de intelectuales humanistas, interesados por la antigüedad, el hermetismo, las ciencias experimentales nacientes, etc. Las logias de este tipo se convirtieron en un espacio de librepensamiento y especulación filosófica. Si se trata de una transformación radical o progresiva, es algo que los historiadores se cuestionan hoy en día. En cualquier caso, al menos en Escocia, el vínculo orgánico entre la antigua masonería y la nueva parece incontestable. Las logias «no operativas» se hacen cada vez más numerosas en Escocia, Inglaterra e Irlanda.

Sede de la Gran Logia Unida de Inglaterra en Londres

El 24 de junio de 1717, cuatro logias londinenses que llevaban el nombre de las tabernas en que realizaban sus encuentros (La Corona, El Ganso y la Parrilla, El Manzano y El Racimo y la Jarra), se reunieron para formar una agrupación común. Denominaron a la nueva organización Gran Logia de Londres y de Westminster, y su primer Gran Maestro fue Anthony Sayer. La creación de esta nueva institución supuso un salto significativo en la organización de la Masonería, que trascendió así del ámbito logial. Formada en parte por miembros de la Royal Society próximos a Isaac Newton, la nueva Gran Logia se dotó en 1723 de una Constitución redactada por dos pastores protestantes: Jean Theóphile Désagulliers y James Anderson, quien, como compilador, dio nombre a las que se conocen como Constituciones de Anderson. Más allá de las diferentes interpretaciones que se dan sobre el alcance de elementos concretos del texto de las Constituciones, la mayoría de los autores coinciden en destacar el espíritu de tolerancia y no sectarismo que anima el conjunto, destacando su deseo de presentar a la masonería como un "centro de unión" entre todos los hombres, cualesquiera que sean las razas, opiniones y creencias que los distingan.

El ritual practicado por la primera Gran Logia, aunque enriquecido y desarrollado, era perfectamente conforme a los usos escoceses "sobre todos los puntos de la Masonería", tal como lo atestigua el acta de la visita de Désaguliers a la logia Mary´s Chapel el 24 de agosto de 1721. Los rituales de esta primera Gran Logia se conocen por una obra publicada en 1730, La Masonería Diseccionada (Masonry Dissected), que los reveló al público, produciendo gran escándalo entre los hermanos.

Pese a que la creación de la Gran Logia de Londres generó reacciones contrarias por parte de algunos sectores de la masonería operativa inglesa, el nuevo modelo masónico se extendió rápidamente por Europa y América con la creación, en los años siguientes, de la Gran Logia de Irlanda en 1725, la primera Gran Logia de Francia entre 1726 y 1730, la Gran Logia Provincial de Pensylvania en 1731, la Gran Logia Provincial de Massachussets en 1733 y la Gran Logia de Escocia en 1736.

Dos principales corrientes

La regularidad es un concepto tan importante como debatido en el seno de la Francmasonería. En base a él, las Obediencias masónicas establecen acuerdos de mutuo reconocimiento y relación entre ellas. En general, se habla de Masonería Regular para referirse a la que se atiene a una serie de reglas tradicionales. Sin embargo, existe discrepancia sobre cuáles de estas normas son las realmente importantes y cuáles no, lo que da lugar a la división de la Masonería mundial en dos corrientes principales, a las que se puede añadir un cierto número logias y de pequeñas obediencias no adscritas a ninguna de las dos.

Las condiciones aceptadas por las dos corrientes principales para reconocer la regularidad de una Obediencia masónica son:

  • Que posea una legitimidad de origen; esto es, que su constitución haya sido auspiciada por alguna otra organización masónica regular. En este sentido, suele considerarse que la regularidad inicial emana de la antigua Gran Logia de Londres y Westminster.
  • El respeto a los valores y principios capitales establecidos en los documentos fundacionales, en concreto las llamadas Constituciones de Anderson, publicadas en 1723.

Las dos corrientes discrepan en varios puntos importantes, que afectan incluso a sus respectivas denominaciones. Ambas corrientes suelen ser conocidas, respectivamente, como regular, una de ellas, y como liberal o adogmática, la otra. Sin embargo, los representantes de la segunda mantienen que su corriente es también plenamente regular, mientras que los de la primera argumentan que la suya es asimismo esencialmente liberal y adogmática. Es imposible establecer un criterio objetivo sobre este tema. Quizá, lo que se puede afirmar es que las diferentes corrientes masónicas no se consideran identificadas con términos como irregular o dogmática. Finalmente, las logias que no se adscriben a los criterios de ninguna de las dos principales corrientes suelen ser denominadas salvajes, si bien ellas prefieren referirse a sí mismas como bajo la bóveda celeste.

Las características de las dos principales corrientes son, en resumen, las siguientes:

La corriente que se denomina regular está encabezada por la Gran Logia Unida de Inglaterra y a ella se adscriben las principales obediencias, por lo que a número de miembros se refiere, de las Islas Británicas, Estados Unidos, los países de la Commonwealth, Iberoamérica y parte de Europa continental, incluida España [1]. Basándose en su interpretación de la tradición masónica y, en particular, de las Constituciones de Anderson, las Obediencias y Logias de esta línea establecen los siguientes criterios de regularidad:

  • La creencia en Dios o en un Ser Supremo, que puede ser entendido como un principio no dogmático, como un requisito imprescindible a sus miembros.
  • Los juramentos deben realizarse sobre el llamado Volumen de la Ley Sagrada, generalmente la Biblia u otro libro considerado sagrado o símbolo de lo trascendente por el que realiza el juramento. La presencia de este Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás son imprescindibles en la Logia.
  • No se reconoce la iniciación masónica femenina ni se acepta el contacto masónico con las Logias que admitan a mujeres entre sus miembros.

La corriente que se denomina liberal o adogmática tiene su principal exponente mundial en el Gran Oriente de Francia. Es la principal corriente, por lo que a número de miembros se refiere, en Francia, África francófona y algunos países de Europa continental, y a ella se adscriben muchas obediencias en todo el mundo, en especial en Iberoamérica y Europa continental, incluyendo, en particular, a las Obediencias femeninas y mixtas. No se basa en un estándar de regularidad establecido, sino que mantiene como referente el reconocimiento compartido de unos valores, modelos rituales y organizativos que, por tradición, se consideran esencialmente masónicos. Por este motivo, presenta una mayor variedad de formas concretas de organización, cuyas principales características, que no tienen que darse simultáneamente, son:

  • El principio de libertad absoluta de conciencia. Admite entre sus miembros tanto a creyentes como a ateos y los juramentos pueden realizarse, según las Logias, sobre el Libro de la Ley (las Constituciones de la Orden) o sobre el Volumen de la Ley Sagrada, en ambos casos junto a la Escuadra y el Compás.
  • El reconocimiento del carácter regular de la iniciación femenina. Las Obediencias pueden ser masculinas, mixtas o femeninas.
  • El debate de las ideas y la participación social. Las logias debaten libremente incluso sobre cuestiones relacionadas con la religión o la política, llegando, en determinadas ocasiones, a posicionarse institucionalmente sobre cuestiones relacionadas con esos aspectos.

La Masonería también se ha extendido en África y Asia-Pacífico habiendo logias masónicas en Japón, India, Israel, Egipto, Turquía, Taiwán, Sudáfrica, Irán (en el exilio desde la revolución islámica), etc.

Gran Arquitecto del Universo

Artículo principal: Gran Arquitecto del Universo

El Gran Arquitecto del Universo, expresado habitualmente con el acrónimo GADU, es un símbolo tradicional en masonería cuyo contenido, interpretación y relevancia varían según la corriente masónica de que se trate.

Para la corriente que generalmente se denomina regular, el GADU representa al Ser Supremo, un principio masónico cuya creencia e invocación en la práctica del rito son imprescindibles. Para la corriente que suele denominarse liberal o adogmática, establecer la condición de la creencia en un Ser Supremo supone limitar la libertad de conciencia de sus miembros, por lo que ni la creencia en el GADU ni su invocación son preceptivas.

Los masones, como individuos, son en todo caso libres de darle el contenido que mejor se ajuste a sus creencias. Como todos los símbolos, proporciona un marco, pero su interpretanción concreta corresponde a cada cual.

Muchos francmasones consideran que el símbolo GADU es igual al Dios creador que determina a su voluntad los planes de la existencia. Para otros muchos simboliza la idea de un Principio Creador que está en el origen del Universo, cuya naturaleza es indefinible. Hay por último masones que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con la sublimación del ideal masónico o que lo interpretan desde una perspectiva panteísta o naturalista.

La mujer y la francmasonería

En la Edad Media, las corporaciones de arquitectos y picapedreros estaban integradas, en la gran mayoría de los casos, por hombres. Sin embargo, existen también numerosos ejemplos de la presencia de mujeres en estas organizaciones antecesoras de la masonería moderna. En el siglo XIII era aceptada la pertenencia de mujeres a las cofradías profesionales, como es el caso de las hilanderas, integradas exclusivamente por mujeres, o incluso en profesiones identificadas en aquella época por hombres, como la Guilda (corporación) inglesa de los Carpinteros de Norwich 1375, a la que pertenecían los albañiles de York y se hacía mención a la pertenencia de "hermanos" y "hermanas". Entre los constructores de catedrales es muy significativo el caso de Sabine de Pierrefonds, hija de Hervé de Pierrefonds, más conocido por su nombre germánico de Erwin de Steinbach, constructor principal de la Catedral de Estrasburgo. Sabine esculpió algunas de las notables estatuas de Notre Dame de París, y a su vez en tanto que Maestra de Obra, formó aprendices en su oficio. Y es probable que no fuera la única mujer en ser Maestra del Oficio. En los archivos de la Logia de York N° 236, que perteneció a la antigua Gran Logia de toda Inglaterra, existe un manuscrito ritual de 1693 que, refiriéndose al momento de la recepción en la Logia, dice: “Uno de los antiguos toma el Libro, y aquél o aquella que debe ser hecho masón, posa las manos sobre el Libro, y le son dadas las instrucciones.”

Cuando surgió la masonería especulativa, o moderna, en el siglo XVIII, la mujer no estaba ni económica, ni social, ni políticamente emancipada, y en las Constituciones de Anderson de 1723 no se la tiene en cuenta. Pero las mujeres no quisieron permanecer indiferentes a las realizaciones de las asociaciones masónicas. Es así que en Francia, en 1730, sólo 5 años después de la aparición de la masonería especulativa en este país, comienzan a realizar gestiones para ser aceptadas en la Institución. El 10 de junio de 1774, el Gran Oriente de Francia había tomado bajo su protección, en una Asamblea General, la Masonería de Adopción. Se trataba de Logias formadas por mujeres bajo la tutela de los masones varones. El 11 de marzo de 1775, el marqués de Saisseval, ayudado por otros hermanos, forman la Logia “El Candor”. Fue su primera Gran Maestra la Duquesa de Bourbon, a quienes siguieron la Princesa de Lamballe (1780), la Emperatriz Josefina (1805), Madame de Vaudemont (1807), Madame de Villete (1819), amiga personal de Voltaire.

Ya en la segunda mitad del siglo XIX, el 14 de enero de 1882, en la localidad de Pecq (Francia) la Logia “Los Librepensadores” inicia a una escritora y conocida militante a favor de los derechos de la mujer, Marie Deraismes, quien el 4 de abril de 1893 crea, junto al Senador Georges Martin, una logia denominada “Gran Logia Simbólica Escocesa de Francia – Le Droit Humain”. Esta logia será la que dé origen a la Orden Masónica Mixta Internacional "El Derecho Humano" . El Derecho Humano extendió rápidamente su acción en el mundo, y perteneció al mismo Annie Besant, célebre feminista inglesa y secretaria de la Sociedad Fabiana, antecesora del Partido laborista de Inglaterra.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, la Masonería de Adopción fue desapareciendo, transformándose en masonería femenina, especialmente con el surgimiento de la Unión Masónica Femenina de Francia, el 21 de octubre de 1945, que culminó en 1952 con la creación de la Gran Logia Femenina de Francia, que irá extendiendo la masonería integrada por mujeres en el resto de la Europa continental y la América Latina. Todavía algunas organizaciones masónicas masculinas siguen considerando "irregular" la presencia de mujeres en la masonería, si bien hoy existe un alto nivel de integración a partir de la existencia de organizaciones masónicas mixtas o femeninas en la mayoría de los países. Estas organizaciones son, por lo demás, plenamente aceptadas por las obediencias masculinas de la corriente masónica liberal.

La Masonería inglesa y sus vertientes en el mundo también creó la Orden de la Estrella de Oriente, organización masónica para mujer (bajo la tutela de un maestro masón hombre) a la que son bienvenidas las esposas, hijas, madres, hermanas y sobrinas de los masones.

Paramasonería para menores

La Orden DeMolay es una sociedad paramasónica juvenil para hombres de 13 a 21 años, hijos, hermanos o sobrinos de masones adultos. Fundada en Estados Unidos en enero de 1919 por el pastor evangélico y masón Frank S. Land. Tiene capítulos en Canadá, Brasil, Bolivia, Australia, Panamá, Japón, Italia y Filipinas. Las actividades que se practican en la orden DeMolay son viajes, excursiones, fiestas, deportes. Un DeMolay esta comprometido a respetar y cumplir las Siete virtudes: amor filial, reverencia por las cosas sagradas, cortesía, compañerismo, fidelidad, pureza y patriotismo.

A esta parte masculina le siguio la Orden Internacional del Arcoiris para Muchachas (International Order of the Rainbow for Girls) que es para mujeres adolescentes de entre 12 y 21 años. Fundada en 1922 por el reverendo Mark Sexson como una opción paramasónica enfocada a chicas, similar a la Orden de Demolay y a la Orden de la Estrella Oriental (para mujeres esposas e hijas adultas de masones). Se basa en los siguientes valores -cada uno asociado a un color-:

  • Amor (rojo); Espiritualidad y militancia en la religión de su preferencia (naranja); Naturaleza (amarillo); Inmortalidad (verde); Fidelidad (azul); Patriotismo (indigo) y servicio (violeta).

Esta activa en los siguientes países: Aruba, Australia, Bolivia, Brasil, Canadá, Filipinas, Guam, Cuba, Francia, Alemania, Italia, Japón, Panamá y Vietnam.

Otra organización paramasónica juvenil para jóvenes de 14 a 21 años es la A.J.E.F..

Masonería étnica

Hay algunas formas de masonería para determinados grupos étnicos, por ejemplo:

  • B'nai B'rith, que en hebreo significa los Hijos de la Alianza, es una masonería exclusiva para hombres judíos y es la que organiza la Liga Antidifamación que lucha contra el antisemitismo.
  • Masonería de Prince Hall, es una masonería exclusiva de hombres negros. Lleva el nombre del primer hombre masón negro iniciado en la Logia Irlandesa de Estados Unidos, Prince Hall, quien junto a otros veteranos de la Guerra Civil: Cyrus Johnston, Bueston Slinger, Prince Rees, John Canton, Peter Freeman, Benjamin Tiler, Duff Ruform, Thomas Santerson, Prince Rayden, Cato Speain, Boston Smith, Peter Best, Forten Horward, y Richard Titley fueron reconocidos como la entonces denominada Primer Logia Africana.
  • El Rito Nacional Mexicano es un tipo de Masonería exclusivamente mexicana y que mezcla gran parte de alusiones aztecas.

Organizaciones fundadas por masones

Las siguientes organizaciones fueron fundadas por reconocidos masones y masonas:

Organizaciones e ideologías antimasónicas

Antimasonería.

Artículo principal: Antimasonería

Desde su fundación, la masonería ha encontrado la oposición de distintos tipos de actores sociales. Los motivos de esta oposición pueden haberse referido a la Institución masónica en cuando forma de organización, o bien poner el acento en una característica pretendidamente negativa de sus principios filosóficos y valores morales. El término Antimasonería o Antimasonismo se refiere a la desconfianza, a la crítica, a la oposición, a la hostilidad, a la discriminación, a la represión o a la persecución de la Masonería.

En todo caso, la oposición más visible contra la masonería es y ha sido aquella que, proviniendo desde las estructuras próximas al poder, o desde el poder mismo, ha adoptado la forma de su prohibición, anatemización, persecución y castigo.

Una clasificación de las instituciones e ideologías antimasónicas que con mayor contundencia se han opuesto o han atacado a la masonería puede ser la siguiente:

Poderes religiosos:

Poderes políticos:

Masones en ficción

Bibliografía

Véase también

  • Para ver una lista detallada de personalidades que pertenecieron o pertenecen a la masonería:

Véase también: Categoría:Masones

Enlaces externos

Sitios informativos sobre Francmasonería

Notas y referencias

  1. LOS PAPAS MASONES por Eduardo Seleson
  2. LOS PAPAS MASONES por Christian Gadea Saguier
  3. JUAN XXIII ¿MASÓN?
  4. La Desviación Esotérica del Islam, Parte 4. La Masonería, por Umar Ibrahim Vadillo
  5. Gran Logia de La Habana, Cuba