viernes, 9 de enero de 2009

Los Aztecas

 

Esta página está dedicada a los ancestros y bases del complejo urbano mas grande del mundo: la ciudad de México.

Antecedentes históricos y geográficos

Los mexicas, nacimiento de los Aztecas y su viaje.

Fundación de Tenochtitlan

Las guerras Floridas.

Esplendor del Imperio Azteca

Antecedentes de los viajes españoles.

La expedición a México

Rebelión de Tenochtitlan.

Conquista de México

Mas datos de los Aztecas

Imágenes y Fotografías

Antecedentes históricos y geográficos.

Debemos pensar que para poder hablar de los Aztecas, debemos remontarnos un poco de tiempo atrás de ellos, de tal forma que, al menos, encontremos algunas de sus raíces... no es posible establecer nada seguro acerca de estos antecedentes, pero nos podrá dar una idea clara y una perspectiva de que la historia, aún cuando existen diferentes opiniones en las fuentes de información, únicamente difieren en fechas y pequeños acontecimientos que realmente no son de gran trascendencia comparados con lo que sucedió después de la fundación de la gran Tenochtitlan.

Cholula estuvo habitada, aproximadamente hasta el año 800 D.C., por gente teotihuacana que fue desalojada de allí por los olmecas (de origen popolocamixteco) que dominó durante unos 500 años y que pronto extendió su influencia hasta el centro de Veracruz; bajo su empuje cayeron la provincia cultural de Cerro de las Mesas y la región de los Tuztlas. Los habitantes nahuas de ambos lugares junto con los teotihuacanos (recientemente expulsados de Cholula), iniciaron una migración en masa, llamada "de los pipiles", y se establecieron en la región chiapaneca del Soconusco, de donde más tarde se movieron hacía Centroamérica, quedándose la mayoría en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua; pequeños grupos radicaron en Costa Rica y Panamá. Algo antes del año 900, una parte de los pipiles inició un movimiento migratorio hacía el norte y llegó a Tula, donde, bajo el nombre de "nonoalca" colaboró con los tolteca-chichimeca en la formación del imperio tolteca.

Hacía 900 D.C., se produjeron cambios en el clima de la región donde floreció la cultura proto-tolteca, cuyo centro fue probablemente La Quemada, al sur de Zacatecas, y esto originó la invasión de las tribus tolteca-chichimecas al Valle de México, se apoderó de Acolman y Teotihuacán y estableció su capital en el Cerro de la Estrella (cerca de Iztapalapa). Desde ahí realizó conquistas como la de las "Siete Cuevas" (Chicomóztoc), región situada entre Tula y Jilotépec, (antes propiedad de los otomíes) quizá a la caída de Teotihuacán. Esos tolteca-chichimecas que dominaron a los otomíes y se mezclaron con ellos constituyeron más tarde el imperio tolteca.

Un señor (rey) llamado "Topiltzin" decidió cambiar la capital de su imperio (tal vez a causa de la presión que desde Cholula ejercían los olmecas), primero temporalmente, a Tulancingo y después a Tula, sitio estratégico que le permitía dominar los valles del Mezquital y de México y que por su proximidad a la frontera con los indios bárbaros, le facilitaba detener sus incursiones.

Topiltzin tuvo un reinado muy próspero; fomentó la cultura y las artes, desterró los sacrificios humanos y trató de afianzar en su pueblo el culto a su dios "Quetzalcóatl" (Serpiente emplumada), pero esto disgustó a los tolteca-chichimecas que veneraban a Tezcatlipoca, deidad que exigía sacrificios.

Al producirse el colapso de Tula, bandas de bárbaros irrumpieron desde el sur de Texas hasta entrar al Valle de México en el siglo XIII, y sólo se detuvo ante la barrera montañosa del Ajusco, que vino a ser la nueva frontera mesoamericana entre los sedentarios y los nómadas, entonces los toltecas fueron desplazados del centro de México y se diseminaron.

Poco después los acolhuas fundaron el señorío de Huejotzingo, se fortalecieron y derrotaron a Cholula, fundaron la "república de Tlaxcala" (no el estado, sino el conjunto de cuatro señoríos: Tepetícpan, Ocotelolco, Tizatlán y Quiahuiztlan).

Mientras tanto, los chichimecas fundaban un señorío en la región tetzcocana, donde la civilización aumentó, tomando el idioma nahua y se volvieron sedentarios.

Todo lo anterior, nos da una gran idea de lo que sucedía en el valle de México antes de la llegada de los Aztecas, para lo cual, volveremos al pasado, en otro sitio, lejos del valle de México...

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Los mexicas, nacimiento de los Aztecas y su viaje.

Los mexicas procedían, según parece, de un lugar llamado Aztatlan o Aztlán, que según varias leyendas significa "lugar de garzas", por lo cual, se les conoce mejor bajo el nombre de aztatecas o aztecas, aún cuando ellos preferían denominarse culhuas-mexicas.

Se dice que Aztatlan estaba situado en una isla de la laguna de Mexcaltitlan en la costa de Nayarit y que el grupo salió de ahí entre el año 890 y el 1111, atravesaron primero algunas regiones del norte de Jalisco y después, siguiendo el curso del río Lerma, partes de Guanajuato y Michoacán.

Los mexicas eran, según Sahagún, atlacachichimeca, es decir, "pescadores y cazadores", y no es posible reconstruir en detalle el itinerario que habían seguido hasta que llegaron a las inmediaciones de San Juan del Río, desde donde se cuenta con mas información hasta su llegada al Valle de México. Tenían por costumbre encender cada 52 años (duración de un ciclo en su calendario), un fuego nuevo; el primero celebrado después de iniciada su peregrinación fue el de Coatépec, en la región nor-oriental del Valle de México, en el año 2 caña (1163). Allí nació, según un mito, el dios Huitzillopochtli (Colibrí del Sur), hijo de Coatlicue que era un hechicero que rendía culto a Tezcatlipoca, era su caudillo y su dios más venerado. Después de él tuvieron otros, caudillos-sacerdotes hasta Ténoch, el último, quien auspició la fundación de Tenochtitlan y quién le dio su nombre; aunque también recibió el nombre de México, en honor de Huitzillopochtli o también conocido como Mexitlí.

A raíz de encender el fuego nuevo de 1163, los mexicas se trasladaron a Tula, y posteriormente se desplazaron a Apazco, por donde celebraron el siguiente fuego nuevo en 1215. Penetraron otra vez al Valle de México y se establecieron temporalmente en diversos sitios como Zumpango y Cuauhtitlan. Continuando su peregrinación llegaron a Ecatépec, bordearon el sur de la sierra de Guadalupe y arribaron a Tecpayocan, el actual cerro de Santa Isabel, cerca de los "Indios Verdes", en donde encendieron su tercer fuego nuevo en 1267. De allí, penetraron a tierras del señorío de Azcapotzalco, gobernado entonces por Acolnahuacatzin, quien les permitió avecindarse en sus dominios como tributarios, hasta que, cuando les gobernaba su primer rey Huitzilihuitl, entre 1273 y 1276, se establecieron en Chapultépec.

En realidad, desde su salida de Tula hasta su llegada a Chapultépec, los mexicas sólo permanecían, en calidad de "paracaidistas", unos años en cada lugar por donde pasaban, pues todas las tierras estaban ocupadas y nadie les quería como vecinos por ser muy pendencieros, practicar formas crueles de sacrificios humanos, y tener la costumbre de robarse a las mujeres casadas. En Chapultépec, sitio estratégico de fácil defensa, se sintieron al fin seguros y desde allí comenzaron a merodear por los lugares próximos, haciéndose, como siempre, odiosos a sus vecinos. Estos, cansados de soportarlos, formaron una coalición con casi todos los señoríos del Valle de México, encabezados por el de Xaltocan y, en 1319, lograron derrotarlos gracias a una estratagema urdida por los tepanecas: éstos les hicieron creer que necesitaban su ayuda militar para combatir a los de Culhuacan. Así lograron que salieran de Chapultépec todos los guerreros quedando sólo los ancianos, las mujeres y los niños, a quienes fácilmente pudieron aprisionar. Desmoralizados los mexicas fueron vencidos por los culhuas y quedaron como sus cautivos o siervos, confinados en Tizapan, lugar poblado de serpientes. Los de Culhuacan esperaban que éstas hiciesen perecer a muchos de los prisioneros, pero resultó que los mexicas consiguieron exterminarlas.

Más tarde, los culhuas, que sostenían una ardua lucha contra los xochimilcas, utilizaron a los mexicas como soldados mercenarios para vencer a sus enemigos y les ofrecieron la libertad a cambio de 8000 prisioneros xochimilcas. Por ser reducido el grupo mexica y no poder conducir hasta Culhuacan a los 8000 prisioneros, se contentaron con cortarles las orejas y llevar éstas, en sacos, a Coxcoxtli, señor de Culhuacan, el cual, horrorizado, les concedió la libertad y les permitió establecerse en Mexícatzingo. Edificaron allí de inmediato un templo en honor a Huitzillopochtli y pidieron a Coxcoxtli una hija "para tenerla como una reina y venerarla como una diosa". Sin saber que los mexicas se proponían desollarla accedió el señor culhua, e incluso aceptó la invitación que le hicieron para que él mismo fuera a reverenciarla. Cuando se percató de lo que habían hecho se enfureció e hizo que sus súbditos persiguiesen sin tregua a los mexicas y los arrojaran a los carrizales que había a orillas del lago, en donde encontraron refugio en un islote abandonado.

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Fundación de Tenochtitlan.

En aquel islote fue donde, según la historia, vieron la señal expuesta por Huitzillopochtli: el águila devorando una serpiente sobre un nopal y empezaron a edificar Tenochtitlan en 1345. Doce años después otro grupo mexica se estableció en un islote contiguo, fundando Tlatelolco en 1357. Tenochcas y tlatelolcas quedaron sometidos al señor de Azcapotzalco, pagando en los primeros años tributos muy onerosos.

Ténoch conservó la suprema autoridad hasta su muerte en 1369. Dos años antes, en 1367, los mexicas conquistaron Culhuacan en provecho de Tezozómoc (señor Tepaneca, vecino de Huejotzingo y Tlaxcala), y los señores que allí reinaban encontraron asilo en Coatlichan. A la muerte de Ténoch, algunos nobles mexicanos fueron a solicitar a Coatlichan que un príncipe culhua, llamado Acamapichtli, viniese a residir en México, aunque todavía no con la calidad de rey, que sólo tuvo a partir del año de 1376.

Tezozómoc estimó conveniente convertir a los mexicas de soldados mercenarios en socios de sus empresas de conquista. Así, después que los Tenochcas conquistaron Culhuacan en 1367 y los tlatelolcas Tenayuca en 1371, alcanzaron el rango de señoríos Tlatelolco y Tenochtitlan: el primero, en 1375, con Cuacuahpitzáhuac como rey, hijo de Tezozómoc, quien gobernó hasta 1409 o 1418; el segundo, en 1376, cuando subió al trono Acamapichtli, descendiente de los antiguos señores toltecas de Culhuacan, lo cual habría de inducir a los Tenochcas a considerarse corno herederos de las posesiones que habían pertenecido al imperio de Tula.

Gracias a las conquistas de Acarnapichtl; -Xochímilco (1376), Mizquic (1378) y Cuitláhuac (1393)- quedó en poder de Tezozómoc el sur del Valle de México, excepto el señorío de Amecameca, aliado suyo. El último terreno que cayó en manos del señor tenochca fue el importante y extenso señorío de Cuernavaca, que se prolongaba hacia el sur, probablemente hasta el río Balsas, en el que abundaba el algodón, que ahora afluyó al Valle de México, utilizándosele para la fabricación de telas.

Acamapichtli falleció en 1396; le sucedió su hijo Huitzilihuitl (1397-1417), quien engendró un vástago, Moteczuma llhuicamina, con la hija del señor de Cuernavaca, en 1398.

Huitzilíhuitl derrotó a los xaltocameca en 1400, a los de Chalco-Atenco en 1410 y combatió a los de Tetzcoco en compañía del señor de Tlatelolco y de otros vasallos de Tezozómoc. Se convirtió en un auxiliar tan valioso para Tezozómoc, que éste le dio en matrimonio una hija suya, unión de la que nació Chimalpopoca, quien sucedió a su padre en el trono de Tenochtitlan en 1417, cuando apenas tenía 12 años.

A medida que Tezozómoc asoció más estrechamente en sus empresas a sus vasallos mexicas, fueron disminuyendo los onerosos tributos que al comienzo les impuso hasta que, cuando Chimalpopoca subió al trono, por afecto a él, suprimió esas cargas y permitió que los Tenochcas gozaran de una situación de privilegio, cosa que disgustó a una parte considerable de los tepanecas.

En 1418 Tezozómoc y sus aliados mexicas conquistaron Tetzcoco, ciudad que entregó aquél dos años después a Chimalpopoca. El tirano de Azcapotzalco, que murió en 1427, parece haber escogido como sucesor a su hijo Tayatzin, pero un hermano mayor de éste, Maxtla, le usurpó el trono. Poco después, al saber el usurpador que Chimalpopoca conspiraba, junto con otros señores, para derrocarlo y restablecer a Tayatzin, mandó encarcelarlo. Consideró esto el señor de Tenochtitlan como una terrible afrenta que lo indujo a darse la muerte. Entonces los Tenochcas eligieron rey a Itzcóatl, hijo de Acamapichtli y medio hermano de Huitzilihuitl.

Mientras tanto, Nezahualcóvotl que, tras la pérdida de su trono de Tetzcoco en 1418, había vivido exiliado entre los huejotzingas y tlaxcaltecas, con cuyos señores trabó amistad, consiguió ayuda militar de ellos y celebró una alianza con ltzcóatl. Luego, aprovechando el resentimiento que guardaban los Tenochcas por los agravios que Maxtla infirió a Chimalpopoca, emprendió una lucha contra Maxtla en 1427. Logró, con sus aliados, vencer a Azcapotzalco en 1428, merced a la ocupación previa de Tacuba que sirvió como "cabeza de playa" para el ataque de la capital tepaneca. Entonces parece que Maxtla huyó a Coyoacan, lugar donde había gobernado antes de convertirse en señor de Azcapotzalco, luego a Cuauhximalpan y después a Tasco, sitio en que murió en 143l.

Aunque había caído la capital de los tepanecas, Nezahualcóyotl e ltzcóatl, aliados ahora con el señor tepaneca de Tacuba, tuvieron que continuar luchando contra varios señoríos que habían formado parte de aquel imperio, y por eso les fue preciso llevar al cabo numerosas conquistas como la de Xochimilco en 1430 y la de Tetzcoco en 1431. En este año recuperó Nezahualcóyotl su trono y tres años más tarde se constituyo la Triple Alianza integrado por los señores de Tetzcoco, de Tenochtitlan y de Tacuba que, de común acuerdo, se repartieron los territorios hasta entonces sojuzgados y establecieron además el convenio de que los señoríos que posteriormente dominasen deberían pagarles tributo: dos quintas partes a Tetzcoco, otras tantas a Tenochtitlan y sólo una a Tacuba.

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Las guerras Floridas.

Después de sojuzgado Azcapotzalco, los señoríos más poderosos del Valle de México fueron Tenochtitlan y Tetzcoco, gobernados por Itzcóatl y Nezahualcóyotl, respectivamente. Ambos emprendieron, en colaboración, una serie de conquistas. Ante todo prosiguieron la lucha contra los pequeños señoríos que habían dependido de Azcapotzalco y después ltzcóatl concentró sus esfuerzos en dominar las regiones occidental y meridional del Valle de México, gran parte del de Morelos y las tierras guerrerenses situadas al norte del Balsas, sometiendo a Tasco, Iguala y Tepecuacuilco.

Al apoderarse de Cuahuacan, quedó Itzcóatl dueño de la sierra de Monte Alto y tuvo el camino abierto hacia Xilotépec.

Aunque el poderío de los tlatelolca había disminuido, realizaron aún conquistas como la de Cuauhtinchan, al sur de Cholula, en 1438.

Nezahualcóyotl por su parte, se ocupaba en recuperar todos los territorios que habían pertenecido al señorío de Tetzcoco y en colaborar con Izcóatl en las conquistas que éste hacía en los Estados de Morelos y Puebla, como, por ejemplo, la de la región que se halla entre Cuauhltla y Huaquechula, y que le permitieron extender sus dominios hasta Izúcar. Ambos soberanos fueron los forjadores de la grandeza de Tetzcoco y Tenochtitlan y establecieron las pautas políticas y sociales que habrían de seguirse.

Muerto ltzcóatl en 1440, le sucedió Moteczuma Ilhuicamina, quien continuó la conquista, iniciada por su antecesor, del señorío de Xilotépec que se extendía a través del valle del Mezquital hasta Zimapan. De esta manera el río Moctezuma, límite actual de los Estados de Hidalgo y Querétaro, fue la frontera septentrional del imperio mexica y como tal quedó hasta la llegada de los españoles. Moteczuma también consolidó el dominio de las comarcas conquistadas por ltzcóatl en Morelos y Guerrero y, tras varios años de lucha, sujetó a los de Chalco-Arnecameca en 1465.

En 1450 Nezahualcóyotl emprendió una campaña siguiendo el trazo de la actual carretera que va de Pachuca a Tuxpan, lo que le permitió introducir una cuña que separó a los huastecos de los totonacos, impidiendo así una posible y peligrosa alianza de ambos.

Todo parecía sonreír a los tetzcocanos y Tenochcas cuando precisamente en ese año de 1450, comenzó una terrible hambre, provocada quizá por prolongadas sequías y cierta probable inexperiencia en las técnicas agrícolas, que los orilló a adoptar medidas desesperadas: la introducción de los sacrificios humanos en gran escala. Muchos mexicas se vendieron como esclavos a mercaderes totonacos por sólo 20 mazorcas.

Estimando los sacerdotes que tan terrible crisis se debía a que la tierra desfallecía porque le faltaba vigor para producir frutos y que el sol tampoco era capaz de infundirle vida, decidieron que ambos no estaban debidamente fortalecidos con la especie de vino generoso que era la sangre humana y que, en consecuencia, había que derramar ésta con mayor profusión multiplicando el número de víctimas.

Como los mexicas y tetzcocanos tenían un calendario según el cual el año constaba de 18 meses de 20 días y en cada veintena debía celebrarse por lo menos una fiesta en que se hiciesen sacrificios humanos, era necesario asegurar el abastecimiento oportuno de víctimas, por lo general prisioneros obtenidos en campañas, y éstas podían ya sólo emprenderse contra señoríos relativamente alejados del Valle de México porque éste y las comarcas circunvecinas habían sido ya conquistadas. Para evitar el peligro de que no las hubiese ni a tiempo ni en el número requerido, se llegó a un acuerdo con los señoríos de Huejotzingo y Tlaxcala, también azotados por el hambre, mediante el cual se establecía la "Guerra Florida" (xochiyáoyotl), que no tendría como fin la conquista de territorios al enemigo, sino sólo la lucha contra él, en lugares y tiempos determinados, con objeto de obtener prisioneros que unos y otros contendientes sacrificasen a sus respectivos dioses. No existía, pues, entonces, una enemistad real entre ambos grupos, sino un pacto cuyos resultados creían mutuamente benéficos. Sin embargo, esas luchas periódicas llegaron a producir la rivalidad definitiva entre ellos, sobre todo después que Moteczuma I venció a los chalcas en 1465 y extendió sus dominios hasta la Sierra Nevada, en donde empezaban los de los huejotzinga.

Como sí se hubiese acertado con la solución verdadera, en 1455 hubo frecuentes lluvias y cosechas abundantes. Los mexicas se sintieron más fuertes que nunca y se arrojaron impetuosos sobre las tierras más fértiles como si quisieran asegurar la obtención de tributos y evitar otra crisis como la sufrida.

Desde Izúcar se lanzó Moteczuma I, a través de Acatlan y Huajuapan, contra el poderoso señorío de Coixtlahuaca, habitado por nahuas, mixtecos y chocho-popolocas y gobernado por Atónal, último soberano de una dinastía de origen tolteca establecida allí después de la ruina de Tula. Este señorío se extendía hasta Tuxtépec y la costa al norte del Papaloapan. La pelea, que fue muy reñida, empezó en 1458 y terminó en 1461 con la victoria de los mexicas. Con ella y con la extensión previa de Nezahualcóyotl hasta Tuxpan, quedaron cercados los territorios dominados por los huejotzinga y los que tenían los totonacas en el norte de Veracruz. Desde Tuxtépec y Cozamaloapan fue fácil para los mexicas conquistar en 1463 la provincia de Cotaxtla, que llegaba hasta Chalchiuhcueyehcan (el actual puerto de Veracruz) , y no tardó en caer en sus manos Cuauhtochco (Santiago Huatusco, cerca de Cotaxtla).

Cuando al fin Moteczuma I, tras dos décadas de lucha, sometió a Chalco-Amecameca, surgió una cierta hostilidad entre Tenochtitlan y Huejotzingo que quedaban convertidos en estados vecinos, y se agudizó cuando los Tenochcas sometieron en 1466 al señorío de Tepeaca, el más fiel aliado de los huejotzinga. Atacando desde aquí y desde Cuauhtochco, se apoderaron los mexicas de Orizaba, estrechando aún más el cerco que rodeaba a huejotzingas y totonacas.

Las conquistas realizadas por Moteczuma le convirtieron en un soberano muy poderoso que recibía toda clase de tributos de los pueblos avasallados, entre ellos oro, jades, turquesas y ricas plumas, principalmente de la provincia de Tuxtépec, importante encrucijada comercial a donde llegaban desde el sudeste productos quizá hasta entonces casi desconocidos por los mexicas, como el cacao.

Moteczuma tuvo especial predilección por el valle de Morelos y escogió Huaxtépec como lugar de recreo. Aclimató ahí toda clase de árboles y arbustos traídos del centro y sur de Veracruz. En las peñas de Chapultépec hizo grabar su efigie, costumbre continuado por sus sucesores. llhuicamina dio al estado tenochca su forma política definitiva y bajo su reinado debió surgir el arte característicamente mexica cuyos mejores logros fueron de índole escultórica.

Al morir Moteczuma en 1469 fue elegido para sucederle Axayácatl, el primero de tres hermanos que reinaron uno tras otro. Ya éste se había distinguido al final del gobierno de Ilhuicamina en las campañas hechas en las comarcas de Cotaxtla Y Orizaba. Habiéndose sublevado esta última región, Axayácatl la reconquistó imponiendo un duro castigo a los rebeldes.

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Esplendor del Imperio Azteca.

En 1473 tuvo una guerra con Moquíhulx, último soberano de Tlatelolco, quien había estado conspirando para formar una coalición contra los Tenochcas integrado por varios señores de los valles de México y Toluca. Denunció el complot a Axayácatl una hermana suya casada con Moquíhuix, ofendida por el abandono en que éste la tenía a causa de la preferencia que daba a otras mujeres. Sabedor de lo que contra él se tramaba, el rey tenochca atacó de improviso a los tlatelolcas, que se defendieron obstinadamente en su último reducto, el templo mayor. Moquíhuix pereció en la lucha y los tlatelolca quedaron sin soberano propio, obedeciendo desde entonces al de Tenochtitlan, hasta que se restauró la monarquía tlatelolca en 1515 con Cuauhtémoc, quien, años después, gobernó también en Tenochtitlan.

Resentido Axayácatl, por haber conspirado con Moquíhuix algunos de los señoríos independientes matlatzincas, otomíes y mazahuas del valle de Toluca, corno los de Toluca, Xocotitlan y Xiquipílco, los atacó y conquisto tras ardua contienda en 1480. Enseguida se enfrentó a los tarascos en los confines de los Estados de México y Michoacán, pero éstos acometieron con tal ímpetu desde las fortificaciones hechas de madera que tenían en Tajimaroa (Ciudad Hidalgo), que derrotaron al ejército mexica. Por primera vez encontraban los Tenochcas un enemigo irreductible. Para atajar la expansión de los tarascos en Guerrero, que ocupaban ya las tierras bajas de Michoacán y de la cuenca del Balsas, se adueñó Axayácatl de Oztuma en el noroeste de dicho Estado y estableció allí una guarnición. Realizó también otras conquistas de regiones situadas al norte del Balsas, cuya subyugación, iniciada por ltzcóatl, había sido proseguida por Moteczuma.

Aunque alguna fuente histórica atribuye a Axayácatl la conquista de Oaxaca, en realidad esta codiciada prenda cayó en poder de los mexicas bajo el reinado de Ahuízotl.

En 1479 se dedicó la "Piedra del Sol" o "Calendario Azteca", porque en ese año, equivalente en la cuenta indígena a 13 ácatl, se conmemoraba la creación del quinto sol, ocurrida en ese mismo signo.

Dos años después falleció Axayácatl y le sucedió su hermano Tizoc quien sólo gobernó cinco años, ya que murió envenenado en 1486. A pesar de que se le ha pintado como un rey cobarde, emprendió conquistas importantes, como la de la región de Nauhtla, Veracruz, efectuada coordinadamente con Nezahualpilli, hijo y sucesor de Nezahualcóyotl y también la reconquista de Yanhuitlan, Oaxaca. Además, en la "Piedra de Tízoc" aparecen otras victorias suyas, solo que en su lugar, como vencedor, figura el dios Tezcatlipoca.

Bajo Ahuízotl, sucesor y hermano de los anteriores, alcanzó el imperio mexica su máxima expansión. Como después de la gran hambre de 1450-54 cada nuevo soberano tenochca, al ascender al trono, iniciaba una campaña contra señoríos aún sin someter, para agregar más territorios al imperio y obtener suficientes cautivos con qué propiciar a los dioses, y como se acercaba además la dedicación del Templo Mayor, erigido en honor a Huitzillopochtli, se requerían numerosas víctimas. Para obtenerlas Ahuízotl hizo la guerra a los huastecos de la provincia de Xiuhcóac o Tziuhcóac (llamado por los españoles "Cicoaque"), y después a los zapotecas, logrando conquistar todo el valle de Oaxaca. De ambos sitios obtuvo innumerables prisioneros. Con el holocausto de no menos de 20,000 se solemnizó en 1487 la dedicación del Templo Mayor de Tenochtitlan. Aterrorizados ante el relato de esta hazaña inaudita, los habitantes de los más remotos confines de Mesoamérica, temblaron ante la posibilidad de que de entre ellos se reclutasen las próximas víctimas y el nombre del fiero monarca tenochca inspiró un pavor tal que todavía hoy se llama "ahuizote" a alguien a quien se teme constantemente o que produce una molestia continua.

Ahuízotl se lanzó de nuevo sobre los paraísos veracruzanos arrasando y diezmando pueblos que se habían rebelado. A las provincias asoladas se llevaron colonias mexicas que reforzaron el predominio de la lengua nahua. Sojuzgó también este rey la mayor parte del Estado de Guerrero, extendiendo los dominios de su imperio hasta la desembocadura del Balsas.

En 1486 las huestes mexicas se apoderaron del valle de Oaxaca y, siguiendo la ruta de la actual carretera, sometieron a Tehuantépec en 1498. Continuaron su marcha victoriosa por la costa del Soconusco hasta apoderarse de la actual población guatemalteco de Ayutla. La penetración de los "pochtecas" o comerciantes por tierras centroamericanas es prueba de que preparaban una próxima agresión, y es seguro que el sucesor de Ahuízotl se proponía conquistar a los quichés y cakohíqueles cuando llegaron los españoles. Un golpe en la cabeza contra un dintel de piedra al tratar de escapar de una inundación que se produjo en Tenochtitlan en 1502 causó la muerte al más temible conquistador mexica. Con él terminó la etapa de los grandes caudillos militares y se inició la de un monarca a punto de ser divinizado.

Le sucedió Moteczuma II Xocoyotzin, originalmente sacerdote modesto y humilde muy versado en su religión, a quien el poder ensoberbeció pronto y convirtió en una especie de sátrapa oriental. A él tocó sofocar serias rebeliones en La Míxteca y conquistar allí regiones que nunca antes habían sido sometidas. También bajo su reinado disminuyó aún más el poder de Tetzcoco que había empezado a declinar a la muerte de Nezahualcóyotl. El hijo de éste, Nezahualpilli, que heredó el trono a los ocho años de edad, quedó bajo la tutela de Axayácatl, y desde entonces los Tenochcas se consideraron como tutores de los tetzcocanos. Cuando llegó el momento de elegir sucesor, Moteczuma impuso a Cacamatzin, en 1516.

Moteczuma murió en 1520. Su imperio abarcó casi todo Veracruz, Puebla, Hidalgo, México, Morelos, gran parte de Guerrero y Oaxaca y las costas de Chiapas. Todo este territorio -más el reino tarasco- constituyó el núcleo de lo que fue la Nueva España y es hoy la República Mexicana. Dentro de aquél estaban enclavados, como señoríos independientes, Tlaxcala, Meztítlan, Yopitzingo y Tututépc.

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Antecedentes de los viajes españoles.

Nuevamente, si retrocedemos unos cuantos años, vincularemos la llegada de los españoles...

Hasta cerca de México había llegado Colón en su cuarto viaje y tenido noticias de una región llamada Maya; y también habían recorrido parte del litoral mexicano los navegantes Díaz de Solís y Vicente Yáñez Pinzón en la expedición que hicieron en 1508 con el propósito de hallar un paso marítimo hacía el Asia. Pero las tierras del actual México no fueron verdaderamente descubiertas hasta que Diego Velázquez puso especial empeño en averiguar qué países se hallaban al occidente de Cuba.

La primera expedición organizada al efecto fue la que tuvo como jefe a Francisco Hernández de Córdoba y como piloto de las naves a Antón de Alaminos, que había acompañado a Colón en su cuarto viaje. Tres naves y alrededor de cien hombres formaron la unidad exploradora. Partieron los expedicionarios de Jaruco a principios de febrero de 1517, llegaron al cabo Catoche el primero de marzo. Ahí tuvieron un primer encuentro con los indios. Costeando, llegaron luego a Campeche y a Potonchán (cerca de Frontera, Tabasco). En este lugar fueron casi deshechos por los indígenas: más de la cuarta parte murieron en la lucha y los restantes, incluso el capitán, salieron heridos. Por esta causa decidieron regresar a Cuba. Desembarcados en la Habana, difundieron la noticia de su descubrimiento e hicieron abultadas relaciones de las cosas prodigiosas que habían visto: las grandes ciudades con casas como las de España, las extensas labranzas, las abundantes y ricas alhajas, etc. Poco después moría Hernández de Córdoba a causa de las heridas que recibió en Potonchán.

Con tan tentadoras noticias, la siguiente expedición no se haría esperar. Puso Velázquez al frente de ella a un hombre de su confianza, Juan de Grijalva, y éste consiguió reunir para llevarla a cabo cuatro navíos y unos doscientos hombres, entre ellos venían como capitanes Pedro de Alvarado, Francisco Montejo y Alonso de Avila, y como piloto Alaminos. La pequeña armada partió de Cuba el 5 de abril de 1518 y, arrastrada por las corrientes, arribó a la isla de Cozumel el 23 del mismo mes. Siguió después la ruta de Hernández de Córdoba hasta Potonchán, y recorrió un largo trecho de costa, deteniéndose en la laguna de Términos, bautizada con este nombre por creérsela un estrecho; en el río de Tabasco, al que se dio el nombre de Grijalva; en el río Jamapa, donde los expedicionarios tuvieron el primer contacto oficial con indios mexicanos representantes de Moteczuma, y en la isla de Sacrificios, que fue denominada así porque en sus adoratorios encontraron los españoles varios indios sacrificados. Desde aquí los expedicionarios siguieron recorriendo la costa hasta alcanzar la altura de Nauhtla, punto en que decidieron regresar a Cuba, adonde llegaron el 29 de septiembre, después de cinco meses de exploración y contratación. Con las dos expediciones quedó bastante bien determinada la mayor parte de la costa oriental de México y precisada en lo general la naturaleza de los pueblos que habitaban las regiones litorales y las próximas a ellas.

La conquista de todos los territorios que formaban el reino novohispánico al final de la dominación española, fue larga y no completa. En pleno siglo XVIII fueron reducidos el Nayarit y Nuevo Santander y al iniciarse la lucha por la independencia aún quedaban extensas zonas del Norte en posesión de los indios apaches.

Pero la conquista del núcleo territorial más habitado y en el que se hallaban establecidas las principales tribus indígenas sedentarias, es decir, las zonas central y sur del actual México, se consumó en poco tiempo y fue obra de tres caudillos: Hernán Cortés, Nuño de Guzmán y Francisco Montejo.

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La expedición a México.

Vistos los buenos resultados del viaje de Hernández de Córdoba, decidió el gobernador de Cuba obtener autorización del rey para la conquista y colonización de las tierras descubiertas.

Mas como las gestiones para cerrar con el monarca la oportuna capitulación se prolongaban, pensó Velázquez en aprovechar el tiempo enviando una nueva expedición exploratoria, a la vez que mercantil, de la que esperaba un aumento considerable de las noticias ya adquiridas sobre los países a cuya conquista creía tener derecho.

No sin alguna desconfianza eligió a Cortés como capitán; los recelos de Velázquez aumentaron a última hora e intentó quitar el mando a su elegido e impedir su salida, pero Hernán Cortés, que estaba advertido, apresuró los últimos preparativos y se hizo a la mar antes que su jefe pudiera evitarlo. Para la expedición había puesto Cortés la mayoría de los recursos, de su propia hacienda o prestados: Velázquez y algunos amigos habían aportado la parte restante; los capitanes y soldados a las, órdenes de Cortés contribuyeron con las armas y caballos qué llevaban y aun con víveres para su sostenimiento. Cuando la expedición salía de Cuba, el 18 de febrero de 1519, componíanla cien marineros y quinientos ocho soldados, distribuidos en diez pequeños navíos: entre los capitanes de la fuerza militar figuraban Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Francisco Montejo y Diego de Ordaz.

Hasta Veracruz Cortés pasó rápidamente por la ruta de sus predecesores. Arribó a Cozumel, en donde tuvo la suerte de poder rescatara un español cautivo de los indios, cuya lengua y cuyas costumbres conocía, el diácono Jerónimo de Aguilar; se detuvo brevemente en Tabasco, lugar en que combatió con los indios y obtuvo, al hacer las paces con ellos, un presente de esclavas, entre las que figuraba Malinalli, llamada después Marina y Malinche, hija de un cacique costeño; Y poco después, el 21 de abril, a los dos meses aproximadamente de su salida, llegaba al primer objetivo importante de su viaje: el sitio de la costa en donde pensaba consumar la ruptura con su jefe e iniciar la conquista.

Desembarcando frente a San Juan de Ulúa, pone en ejecución sus planes. De acuerdo con la mayoría de sus soldados, decide lo que le estaba prohibido, que era poblar, y funda inmediatamente una ciudad, la Villa Rica de la Vera Cruz, cuyas autoridades, por él nombradas, le confieren poderes para llevar a cabo la conquista y le designan capitán general de las fuerzas que habían de acometerla. Contra tal decisión protestaron los adictos a Velázquez, pero Cortés hizo aprisionar a sus principales representantes y, los convenció luego de que le siguieron.

A los pocos días del desembarco, se presentó en el campamento español el gobernador de Moteczuma en aquella comarca, que ofreció a Cortés en nombre de su señor ricos regalos y víveres: el conquistador correspondió a ello con objetos europeos y para impresionar a los mexicas hizo un alarde militar, ordenando que fueran disparados los cañones y se lanzara al galope la caballería. Con estas demostraciones quería Cortés que se adentrara aún más en los indígenas la creencia, fundada en sus tradiciones, de que los españoles eran dioses. Sin embargo, los jefes mexicas, siguiendo instrucciones de Moteczuma, trataron de hacer abandonar al capitán español la idea de penetrar en el interior para entrevistarse con el emperador azteca.

La llegada de una embajada del cacique de Cempoala, contribuyó mucho a que Cortés pasara inmediatamente adelante. Mediante ella el jefe de la nación totonaca notificaba al capitán español que él y sus súbditos deseaban sacudir el yugo a que les tenían sometidos los mexicas, y que recibirían con agrado a los soldados hispanos en su capital. Cortés se dirigió enseguida a Cempoala y allí concertó una alianza con los totonacas, expulsó a los recaudadores de tributos de Moteczuma y mandó a sus soldados, con gran disgusto de los nativos, que derribaran los ídolos de los templos públicos. Una noticia valiosísima obtuvo del cacique de Cempoala: que eran muchos los pueblos sojuzgados por los mexicas, y que uno próximo y poderoso, la república de Tlaxcala, estaba en lucha permanente con el imperio azteca para conservar su independencia. Con esta información y la que ya poseía, pudo Cortés trazar su estrategia, que había de consistir fundamentalmente en buscar la alianza de los muchos pueblos enemigos de México con el fin de abatirlo.

Por entonces, llegó un emisario que comunicó a Cortés la noticia de que Velázquez había obtenido ya la autorización real para la conquista de México. El derecho estaba ahora categóricamente contra él; sólo lo ya realizado y, sobre todo, la consumación de la magna empresa que tenía entre manos podían disculparlo respecto del rey. Para defender su causa ante éste y pedirle que ratificara lo resuelto por los soldados de la conquista, hizo que el cabildo de Veracruz despachara procuradores o representantes a España, que llevaban como oferta al monarca todos los objetos de valor obtenidos de los naturales. Algunos velazquistas, en desacuerdo con esto, intentaron volver a Cuba para enterar a su jefe; pero Cortés descubrió la intriga, e hizo ahorcar a dos de ellos; y para cortar cualquier tentativa parecida, mandó hundir los dos navíos servibles aún.

Liquidado este asunto y tras breves preparativos, salía el capitán extremeño para Tenochtitlan a mediados de agosto de 1519. Componían sus fuerzas algo más de cuatrocientos soldados españoles y quizá otros tantos guerreros totonacas; en Veracruz quedaban los viejos y los enfermos. Llegó sin tropiezos a las proximidades de Tlaxcala, con la que deseaba concertar una alianza. Los cempoaltecas que le acompañaban se prestaron a servir de embajadores y cuatro de ellos pasaron a entrevistarse con los gobernantes de aquella nación. Mas, como transcurrieron varios días y no regresaran, Cortés decidió reanudar la marcha. Al parecer, los tlaxcaltecas decidieron seguir una doble política: la de negociar y la de guerrear, para enterarse bien de los designios de los españoles y para probar su fuerza; mientras negociaban, sostenían luchas que atribuían a generales desobedientes o a una tribu extraña como la de los otomíes. Hubo largos combates (del 31 de agosto al 7 de septiembre) con gran desgaste de los españoles, que no esperaban tan tenaz resistencia, llegando por tal motivo a desalentarse algunos. El capitán de los tlaxcaltecas, y héroe de las primeras, jornadas de la lucha contra las aguerridas huestes hispanas, fue el célebre Xicoténcatl. Alcanzada la victoria por los españoles, entraron éstos en la capital de Ocotelolco el 22 de septiembre. No derribó aquí Cortés los ídolos indígenas, pero sí prohibió los sacrificios humanos e hizo levantar altares públicos para el culto cristiano. El triunfo militar reportó a Cortés tres señalados beneficios: levantó la moral de su hueste, puso a los tlaxcaltecas incondicionalmente a su lado y aumentó los temores de los mexicanos.

Cuando Cortés acababa de obtener la victoria, llegaron a su campamento embajadores de Moteczuma con ricos presentes de su soberano y con el encargo de rogarle que renunciara a ir a México y de ofrecerle en concepto de vasallaje el pago de un tributo anual. Hernán no escuchó el ruego de los embajadores, ni tampoco las instancias que éstos le hicieron para que no se aliase con los tlaxcaltecas; pero sí siguió, contra el consejo de éstos, que tenían una emboscada, la indicación que le hicieron los enviados de Moteczuma para que pasase por la ciudad de Cholula. Acompañado por seis mil soldados tlaxcaltecas, y después de obtener el sometimiento de Huejotzingo al emperador de España, hizo Cortés su entrada en aquella ciudad. Con un plan muy premeditado se adentró en ella el capitán español, dejando a los de Tlaxcala, que eran enemigos de los cholultecas, en las cercanías. Dispuesto a evitar lo que creía que se preparaba contra sus fuerzas, Cortés, cuando llegó al centro de la ciudad, reprochó a los principales allí reunidos su "mala voluntad" e inmediatamente dio orden a sus soldados que disparasen contra los indios del lugar; los disparos sirvieron de señal para que los tlaxcaltecas se unieran a las fuerzas que estaban dentro de Cholula, la cual fue arrasada y saqueada en pocas horas; en dos, según dice el mismo Cortés, fueron muertos más de tres mil cholultecas.

Moteczuma no desoyó la advertencia. Accedió a que los españoles vinieran a México, se exculpó de lo ocurrido en Cholula y envió al conquistador algunos hombres principales de su corte para que le acompañasen en el viaje. Rechazó Cortés, por desconfianza, seguir el camino que éstos le indicaron, y pasando por entre los dos volcanes vino a dar a Itztapalapa, desde donde hizo su entrada en la capital azteca. Los españoles quedaron asombrados del espectáculo que ofrecía el Valle de México y su ciudad principal.

Cortés fue recibido por el emperador, quien agasajó a los españoles espléndidamente. Ya en su alojamiento, sintió el conquistador terrible preocupación por lo que había hecho, pues se había introducido en una enorme y desconocida ciudad, cuyos habitantes, sumamente aguerridos, podían aniquilarlo en poco tiempo, y decidió con el consejo de sus capitanes, para salvar la comprometida situación, apoderarse de Moteczuma y conservarlo como rehén. Así lo hizo, dando como pretexto la muerte de varios soldados españoles en Nauhtla, de la que culpó al emperador. Ni la justicia hecha en el cacique de dicho pueblo, Cuauhpopoca, sobre quien parecía recaer la culpa del ataque a los españoles, bastó para que pusiese en libertad al jefe mexica: lo mantuvo en prisión esperando que su vida sirviera para salvaguardar la de los conquistadores.

Mientras esto ocurría habían ido regresando varios grupos exploradores que, guiados por expertos mexicas, fueron enviados por Cortés para reconocer la tierra y saber de qué lugares extraían el oro los naturales. Los exploradores trajeron noticias de algunas regiones de Oaxaca donde abundaban los veneros auríferos; de Coatzacualco, en donde hallaron lugar apropiado para establecer un puerto, y de Pánuco; también consiguieron que varios caciques rindieron vasallaje al rey de España.

Para obligar más al emperador azteca y a sus súbditos, creyó conveniente Cortés pedirles ya el reconocimiento de la soberanía del monarca español. Le fue esto acordado, aunque de mala gana, por los señores mexicas, que consideraban improcedente tal acto mientras estuviese cautivo su jefe. También les pidió Cortés un cuantioso presente para enviarlo al soberano a quien rendían pleitesía, y recibió enseguida uno de los más ricos regalos hechos a la Corona castellana por los que habían de ser sus súbditos.

Al disgusto provocado por la prolongada prisión de Moteczuma, se sumó pronto el que produciría la prisión de algunos señores principales (Cacama y Cuitláhuac, entre otros) y las reiteradas exigencias de Cortés para que los mexicas abandonaran sus prácticas religiosas y se convirtieran al cristianismo. La destrucción por él ordenada, e incluso ejecutada, de los ídolos del Templo Mayor, elevó al máximo el enojo de los mexicanos, que aceleraron sus preparativos para combatir a los españoles.

Mientras Cortés conquistaba México, Velázquez preparaba la revancha. Organizó una poderosa hueste, compuesta por unos mil quinientos hombres, y la envió bajo el mando de Pánfilo de Narváez, quien traía el encargo de apresar a Cortés y enviarlo enjaulado a Cuba. Enterado Cortés de la llegada de Narváez, salió apresuradamente de México con trescientos cuarenta hombres a su encuentro. La diplomacia de Cortés, más que la fuerza, le valió la victoria. Con oro y promesas se atrajo a muchos de los soldados de su enemigo. También su habilidad militar contribuyó no poco al triunfo, pues supo buscar un momento propicio para atacar a los contrarias: una noche de lluvia en que éstos descansaban tranquilamente en su campamento de Cempoala. Se había librado Cortés de la amenaza velazquiana, pero su salida de México agravó aquí la situación de los españoles hasta hacerla desesperada.

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Rebelión de Tenochtitlan.

Una nueva afrenta cometida por la desenfrenada soldadesca mientras su jefe se hallaba ausente, hizo explotar súbitamente la terrible carga de odio acumulada en el pueblo de Tenochtitlan por los sucesivos y crecientes ultrajes a sus veneradas instituciones. Habían obtenido los mexicanos permiso de Alvarado, sustituto de Cortés en el mando, para rendir el acostumbrado homenaje anual a Huitzillopochtli. Llegado el día de la celebración, los sacerdotes y los nobles indígenas, desarmados, porque esa fue la condición que se les puso para concederles el permiso, se aglomeraron en la plaza del Templo Mayor. Cuando la ceremonia se hallaba en su auge, y sin que hubiera motivo alguno, los españoles cayeron de repente sobre los asistentes y los pasaron a cuchillo; a la inmolación siguió el robo de joyas y atavíos. Cuando la noticia de tan feroz matanza se extendió por la ciudad, todos los hombres tomaron las armas y pusieron sitio al cuartel de las fuerzas cortesianas, donde éstas quedaron aisladas por completo.

Avisado Cortés de lo que acontecía, acudió rápidamente con los soldados que le acompañaban. Aunque le fue fácil entrar en la ciudad, nada pudo hacer para aliviar la situación. Para entonces, tenían ya los mexicas un caudillo prestigioso, perteneciente a la familia real, Cuitláhuac, que había sido puesto en libertad por Alvarado con el fin de que apaciguara a su gente. Cuitláhuac, por el contrario, enardeció a los combatientes y organizó y dirigió su esfuerzo bélico. Durante algunos días se lucho en torno al cuartel español con terrible fiereza. Quizá como último recurso, en un momento en que los mexicas intentaban asaltar ese reducto, Cortés hizo salir a Moteczuma a una de las terrazas para que tratára de calmar los ánimos de sus súbditos y les pidiera que diesen una solución pacífica al conflicto. La respuesta fue un ataque con toda clase de objetos arrojados, a consecuencia, del cual quedó mal herido el emperador. Poco después moriría; no se sabe si a causa de las lesiones recibidas, o sí a manos de los españoles, en la matanza de prisioneros hecha por éstos cuando abandonaron la ciudad de México.

A los pocos días de su retorno, Cortés comprendió que la única esperanza de escapar al exterminio total era salir como pudiera de la ciudad. E inmediatamente trazó el oportuno plan, que consistió en asegurar la evacuación de fuerzas por la calzada de Tacuba, cuyas cortaduras o zanjas hizo ocupar por retenes de soldados. Dispuestas así las cosas, emprendió la retirada en la oscura y lluviosa noche del 30 de Junio. Todo fue bien en las primeras zanjas; pero en las demás, que mediante un estratagema habían ocupado los mexicas, los españoles fueron atacados furiosamente por grandes contingentes enemigos que les causaron cuantiosas bajas. Un día después, al hacer el recuento de lo salvado, pudo Cortés darse cuenta de la magnitud de sus pérdidas: de unos mil soldados españoles, sólo quedaban alrededor de quinientos, y a la mitad, dos mil, se había reducido el número de los auxiliares.

Desde Tacuba inició Cortés inmediatamente la vuelta a Tlaxcala. Esquivó en su marcha todo lo que pudo la gran ciudad, y cuando ya estaba bastante alejado de ella, al entrar en el valle de Otumba, le salió al paso un numeroso ejército de Tetzcoco, con el que se vio obligado a combatir. En la lucha empezaron llevando los españoles la peor parte: pero habiendo podido reconocer entre los combatientes al jefe y portabandera de los tetzcocanos, y sabedores de la enorme importancia que la posesión de la bandera tenía para los guerreros indígenas arremetieron contra dicho caudillo y le arrebataron la enseña. A partir de entonces, los indios comenzaron a retroceder y terminaron por desbandarse. Sin más contratiempos ya, llegaron las fuerzas de Cortés a Tlaxcala, en donde fueron amistosamente recibidos y su capitán pudo curar las heridas que recibió en México y en Otumba, y vencer luego una grave enfermedad.

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Conquista de México.

Cortés no se precipitó. Conociendo ya las serías dificultades con que tendría que habérselas para conquistar a México, no quiso dejar nada a la aventura y elaboró minuciosamente el plan de operaciones, que ejecutaría después punto por punto.

Mejoró y reforzó sus tropas españolas, haciendo traer de las islas armas y caballos; y luego las entrenó ocupándolas en reducir a los pueblos dominados aún por los mexicas: Tepeaca, Tecamachalco, etc. Hizo construir en Tlaxcala trece bergantines que destinaba al apoyo de las operaciones terrestres desde el lago. Y realizó una hábil labor diplomática para atraerse a los enemigos de México o para separar a éste de sus aliados.

Las fuerzas que llevarían a cabo la conquista estaban integradas por casi seiscientos soldados españoles, cuarenta de a caballo, y por un número de auxiliares indígenas que pasaba de los cien mil; pocos eran los cañones de que disponían: nueve y de pequeño calibre.

En México, Cuitláhuac, que había sucedido a Moteczuma, organizaba la resistencia y perseguía, en vano, la alianza con Tlaxcala y Michoacán. La desgracia vino por entonces a cebarse en la ciudad. A fines de año, una epidemia de viruela, enfermedad introducida por un esclavo negro de Narváez, diezmó la población y ocasionó la muerte del esforzado caudillo mexica. En su lugar fue puesto Cuauhtémoc, cuyo nombre significa en castellano "Aguila que cayó". Tenía a la sazón 25 años, era sobrino de los dos últimos emperadores y se había distinguido por su valor y decisión en la guerra contra los españoles.

Para ejecutar el primer punto de su plan, que era el sometimiento de los pueblos próximos a México, estableció Cortés su cuartel general en la ciudad de Tetzcoco, donde puso como cacique a un príncipe partidario suyo, Ixtlilxóchitl, aprovechando desavenencias habidas en la familia real. Desde allí fue cerrando el círculo en torno de México y reduciendo sucesivamente a los pueblos que él consideraba enemigos. Uno tras otro fueron cayendo en su poder: ltztapalapa, Chalco, Xaltocan, Azcapotzalco, Tacuba, Xochimilco, Cuernavaca, Coyoacán, etc.; en algunos de estos lugares, Xochimilco y Cuernavaca, la resistencia ofrecida por los naturales puso a veces en serio peligro a sus tropas. Por método, para aterrorizar, o por exasperación, Cortés arrasó los lugares que no se dejaron someter fácilmente y redujo a la esclavitud a muchos de sus habitantes. El capitán español extremó con todos su rigor, pues a uno de los suyos, Antonio de Villafaña, que había sido acusado por intento de conspiración, lo hizo ahorcar, y al morir ahorcado condenó también al heroico capitán Xicoténcatl, quien, por diferencias con los caciques tlaxcaltecas, se había separado del ejército.

A mediados de mayo, armados ya en Tetzcoco los bergantines, fue iniciado el ataque y sitio de la ciudad. Alvarado, Olíd y Sandoval, al mando de sendas columnas, debían avanzar por las tres grandes calzadas, y los bergantines proteger el avance de las fuerzas terrestres y paralizar la acción de las canoas indígenas. Los progresos de los sitiadores fueron lentísimos, pues los mexicas defendieron su ciudad heroicamente palmo a palmo, solían recuperar mediante contraataques nocturnos el terreno que perdían durante el día. Al correr el tiempo, la falta de agua y víveres los puso en la más extrema necesidad y las enfermedades y el hambre comenzaron a hacer estragos entre ellos. Sin embargo, todavía de vez en cuando reaccionaban enérgicamente y lograban poner en apuros a sus enemigos; Cortés mismo estuvo a punto de ser hecho prisionero por los sitiados. A los tres meses la resistencia se había vuelto imposible; los defensores de la ciudad estaban ya acorralados en un pequeño reducto, en el barrio que hoy lleva el nombre de Tepito y en Tlatelolco. Pero Cuauhtémoc, que era el alma de la defensa, no quería admitir las ofertas de paz que Cortés le hacía. Un día, el 13 de agosto, cuando estimó ya que la resistencia iba a desplomarse, intentó escapar en una canoa y fue apresado por la tripulación de uno de los bergantines. Traído ante Cortés, viéndole éste muy abatido trató de animarlo; mas el jefe de los mexicas, poniendo la mano en un puñal que Cortés llevaba, le pidió que lo matase, pues ya él había cumplido su misión. Al concluir la heroica defensa, reinaba la muerte y la desolación en la gran ciudad. Para evitar una epidemia hubo que desalojarla. Muy grande fue el número de muertos habidos durante el sitio.

Cortés, dice que 67000 personas perecieron en los combates y unas 50000 a consecuencia del hambre.

Al martirio de la ciudad siguió el suplicio de su heroico defensor. Tuvo este acto una causa reprobable: la codicia. Después de la conquista de México, fue preocupación principal de los vencedores hallar el tesoro que, a juzgar por lo que habían visto, debían poseer los emperadores aztecas; lo consideraban como botín de guerra, y esperaban que se repartiera, conforme a las normas que regían en la conquista, para resarcirse; de los gastos y premiar los méritos de la campaña. Cuauhtémoc y los señores de Tacuba y Tetzcoco, Tetlepanquétzal y Coanácoch, junto con algunos más, fueron interrogados a fin de que declarasen donde se encontraba dicho tesoro, pero todos respondieron que lo ignoraban. Exasperados porque no lograban lo que se proponían, Cortés y los oficiales de la real hacienda que le acompañaban, decidieron someter, a tormento a Cuauhtémoc y al señor de Tacuba, para arrancarles lo que parecía ser un secreto; la quema de los pies untados con aceite fue la clase de tortura elegida para doblegarlos. Pero sólo declararon que el oro que les quedaba lo habían tirado a la laguna cuatro días antes.

Como los españoles conquistaban para colonizar, tras la conquista o simultáneamente a ella, procedían a establecerse en los territorios conquistados, fundando ciudades y constituyendo un gobierno. En la Nueva España, Cortés emprendió la colonización desde el momento mismo que iniciaba la conquista. Antes de someter a los mexicas ya había fundado dos ciudades: Veracruz en 1519 y Segura de la Frontera, junto a Tepeaca en 1520.

Mas tarde Cortés decidió establecer en México la capital de la nueva colonia y dispuso inmediatamente que fuera reconstruida, dentro del terreno que antes ocupaba la urbe mexica, reservó un espacio que se llamó la traza, para la ciudad española, y en las cercanías de ella, señaló tierras para que los indios establecieran sus antiguos barrios.

jueves, 8 de enero de 2009

Cuidado con la indigestión psíquica!

 

Imagine que pudieran sacarle una radiografía a los CONTENIDOS de su conciencia: toda la información que ha leído, las conversaciones que ha tenido, sus preocupaciones, sus temores, sus deseos, lo que le ha inoculado la tv, la radio y la publicidad callejera... Es posible que en esa "radiografía" su mente se viera abigarradamente repleta de contenidos. En casi todas las personas hay una FALTA DE ESPACIO INTERIOR (que quizás se refleje en los cajones de su escritorio, en su placard, su biblioteca, su maletín...). Detengámonos aquí: por favor, observe el fondo que está DETRÁS DE ESTAS MISMAS LETRAS; si ese espacio no existiera, el texto sevolveríailegiblecomoestaspalabrasverdad? Cuando nuestra mente está así, sin espacio vacío, se encuentra intoxicada de información, de impresiones: polucionada, superpoblada... INDIGESTADA!
Sí: hoy en día se sabe que el psiquismo humano funciona de modo muy similar al aparato digestivo: nos comemos la vida (o, como decían los antiguos sufis, nos alimentamos de impresiones), y, sobre todo en los momentos de quietud, nuestro Inconsciente lo elabora (lo "digiere"). Cuando algo es muy tóxico (un trauma), su digestión puede tardar años, y a veces necesita la ayuda de un "digestivo terapéutico". Pero... detengámonos en el EXCESO DE IMPRESIONES. Por más que sea buena información, buena música, buenos programas de tv... EL EXCESO DAÑA. Nuestro psiquismo REQUIRE de ESPACIO, de SILENCIO, de NO-IMPRESIONES, tal como precisamos un tiempo de no-ingesta para poder digerir lo que hemos comido.
Un psiquismo sano necesita contar regulamente con horas, días o semanas de AYUNO MENTAL: momentos de RETIRO: no radio, no tv, no gente.. y, en cambio, SÍ SOLEDAD FECUNDA, SÍ MIRARSE POR DENTRO, quietecito y en silencio. Dicen distintas Tradiciones que, cuando uno muere, lo que queda vivo es ese fondo que está detrás de las letras: LAS LETRAS SE DESVANECEN, pues NO SOMOS NUESTROS CONTENIDOS, pero el fondo persiste, porque NO ESTÁ ATADO A LAS LEYES DEL TIEMPO. Como dijo Borges: "No quedará en la noche una estrella: quedará la noche." Por ende, es indispensable familiarizarnos HOY con eso que está detrás de los contenidos, pues es nada menos que nuestra verdadera identidad. Para ello necesitamos aprender a observar nuestros contenidos internos, y hacer contacto con "lo que está detrás". Sólo así sabremos CUIDAR NUESTRO INTERIOR DE LO QUE ES TÓXICO, discernir qué dejamos entrar y qué no, qué elegimos "comer" y qué no. Pues, como dice el Taoísmo: "La mente es como una raíz: absorbe todo lo que toca." También el poeta Amado Nervo lo expresó claramente:

"Adéntrate en ti mismo,
digiere lo que viste,
húndete en el mutismo
de tu mundo interior,
y recobra, -si puedes-,
el Edén que perdiste.
Todo lo que contemplas
dentro de tu alma existe:
es tu propio espectáculo
y tú, el espectador."

Amado Nervo

Imagen: "Muro para meditación", de Juanjo Redondo.

Publicado por Virginia Gawel & Eduardo Sosa

miércoles, 7 de enero de 2009

LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS

 

"POPOL VUH" (o "Libro del Indígena Quiché")

PREÁMBULO

Este es el principio de la antiguas historias de este lugar llamado Quiché. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, el principio y origen de todo lo que se hizo en la ciudad de Quiché, por las tribus de la nación quiché.

Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol, Alom, Qaholom, que se llaman Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú, Zaqui-Nimá-Tziís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ah Raxá Lac, Ah Raxá Tzel, así llamados. Y [al mismo tiempo] la declaración, la narración conjuntas de la Abuela y el Abuelo cuyos nombres son Ixpiyacoc e Ixmucané, amparadores y protectores, dos veces abuela, dos veces abuelo, así llamados en las historias quichés, cuando contaban todo lo que hicieron en el principio de la vida, el principio de la historia.

Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a luz, porque ya no se ve el Popo Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra oscuridad, y se veía claramente la vida.

Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador. Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la tierra, cómo fue formado y repartido en cuatro partes, cómo fue señalado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones, como fue dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida, de todo lo creado, el que da la respiración y el pensamiento, la que da a luz a los hijos, el que vela por la felicidad de los pueblos, la felicidad del linaje humano, el sabio, el que medita en la bondad de todo lo que existe en el cielo, en la tierra, en los lagos y en el mar.

Notas de Adrián Recinos:

Tzacol, Bitol, el Creador y el Formador

Alom, la diosa madre, la que concibe los hijos, de al, hijo, alán, dar a luz. Qaholom, el dios padre que engendra los hijos, de qahol, hijo del padre, qaholaj, engendrar. Madre y padre los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre, así llamados por los indios, según refiere Las Casas, y que estaban en el cielo.

Hunahpú-Vuch, un cazador vulpeja o tacuazín (Opposum), dios del amanecer; vuch es el momento que precede al amanecer. Hunahpú-Vuch, es la divinidad en potencia femenina, según Seler. Hunahpú-Utiú, un cazador coyote, variedad de lobo (Canis latrans), dios de la noche, en potencia masculina;

Zaqui-Nimá-Tziís, Gran pisote blanco (Nasua nasica) o coatí, encanecido por la edad, diosa madre; y su consorte Nim-Ac, Gran cerdo montés, o jabalí, ausente en este lugar por una omisión mecánica, pero invocado en el capítulo siguiente;

Tepeu, el rey o soberano, del náhualt Tepeuh, tepeuani, que Molina traduce por conquistador o vencedor en batalla; ah tepeual entre los mayas , quienes lo tomaron igualmente de los mexicanos. Gucumatz, serpiente cubierta de plumas verdes, de guc, en maya, kuk, plumas verdes, quetzal por antonomasia, y cumatz, serpiente; es la versión quiché de Kukulkán, el nombre maya de Quetzalcóatl, el rey tolteca, conquistador, civilizador y dios de Yucatán durante el período del Nuevo Imperio Maya. El fuerte colorido mexicano de la religión de los quichés se refleja en esta pareja creadora que continúa siendo evocada a través del libro hasta que la divinidad toma forma corporal en Tohil, a quien en la Tercera Parte se identifica expresamente con Quetzalcóatl;

U Qux Cho, el corazón o el espíritu de la laguna. U Qux Paló, el corazón o el espíritu del mar. Ya se verá que a la divinidad la llamaban también el Corazón del Cielo, u Qux Cah;

Ah Raxá Lac, el Señor del verde plato, o sea la tierra; Ah Raxá Tzel, el Señor de la jícara verde o del cajete azul, como dice Ximénez, o sea el cielo.

El nombre Hunahpú ha sido objeto de muchas interpretaciones. Literalmente significa un cazador con cerbatana, un tirador; etimológicamente es eso mismo y es vocablo de la lengua maya, ahpú en maya es cazador, y ah ppuh ob, forma de plural, son los monteros que van a la caza, según el Diccionario de Motul. Es evidente, sin embargo, que los quichés debían tener alguna razón más plausible que esta etimología para dar ese nombre a la divinidad. El cazador en los tiempos primitivos era un personaje muy importante; el pueblo vivía de la caza y de los frutos espontáneos de la tierra antes de la invención de la agricultura. Hunahpú sería, en consecuencia, el cazador universal, que proveía al hombre de su sustento; hun tiene también en maya la acepción de general y universal. Pero posiblemente los quichés que descendían directamente de los mayas, quisieron reproducir en el nombre Hunahpú el sonido de la palabra maya Hunab Ku, "el único dios", que servían para designar al dios principal del panteón maya, que no podía representarse materialmente, por ser incorpóreo. La pintura de un cazador podría haber servido en los tiempos antiguos para representar el fonema Hunab Ku que encerraba una idea abstracta, la de un ser espiritual y divino. El procedimiento es común en la escritura pictográfica precolombina. Hunahpú es también el nombre del vigésimo día del calendario quiché, el día más venerado de los antiguos, equivalente al maya Ahau, señor o jefe, y al náhualt Xóchitl, flor y sol, símbolo del dios sol o Tonatiuh.

Ixpiyaco e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal y Oxomoco, los sabios que según la leyenda tolteca inventaron la astrología judiciaria y compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el calendario.

Primera Parte

Capítulo Primero

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.

Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.

No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.

Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.

Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.

Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.

El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.

Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

-- ¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.

Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -- ¡Tierra! -- dijeron, y al instante fue hecha.

Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montanas; y al instante crecieron las montañas.

Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo : -- ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá!

-- Nuestra obra, nuestra creación será terminada -- contestaron.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.

De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

Capítulo II

Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles [víboras], guardianes de los bejucos.

Y dijeron los Progenitores: -- ¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.

Asi dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida. Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas a los venados y a las aves.

-- Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis-- . Y así como se dijo, se hizo.

Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:

-- Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos --. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.

De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra. Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y el Formador y los Progenitores:

-- Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno -- . Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes.

-- Decid, pues, vuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Calculhá, Raxa-Calculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, invocadnos, adoradnos! -- les dijeron.

Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y gramaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente.

Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí : -- No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien --, dijeron entre sí los Progenitores.

Entonces se les dijo : -- Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer : vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros [seres] que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra suerte--. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequenos y grandes que hay sobre la faz de la tierra.

Luego quisieron probar suerte nuevamente; quisieron hacer otra tentativa y quisieron probar de nuevo a que los adoraran.

Pero no pudieron entender su lenguaje entre ellos mismos, nada pudieron conseguir y nada pudieron hacer. Por esta razón fueron inmoladas sus carnes y fueron condenados a ser comidos y matados los animales que existen sobre la faz de la tierra.

Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.

-- ¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados, para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten -- . Así dijeron.

Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver hacia atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener.

Y dijeron el Creador y el Formador: -- Bien se ve que no podía andar ni multiplicarse. Que se haga una consulta acerca de esto, dijeron.

Entonces desbarataron y deshicieron su obra y su creación. Y en seguida dijeron: -- ¿Cómo haremos para perfeccionar, para que salgan bien nuestros adoradores, nuestros invocadores?-- Así dijeron cuando de nuevo consultaron entre sí.

-- Digámosles a Ixpiyacoc, Ixmucané, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú : ¡Probad suerte otra vez! ¡Probad a hacer la creación! -- Así dijeron entre sí el Creador y el Formador cuando hablaron a Ixpiyacoc e Ixmucané.

En seguida les hablaron a aquellos adivinos, la abuela del día, la abuela del alba, que así eran llamados por el Creador y el Formador, y cuyos nombres eran Ixpiyacoc e Ixmucané.

Y dijeron Huracán, Tepeu y Gucumatz cuando le hablaron al agorero, al formador, que son los adivinos: -- Hay que reunirse y encontrar los medios para que el hombre que vamos a crear nos sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de nosotros.

-- Entrad, pues, en consulta, abuela, abuelo, nuestra abuela, nuestro abuelo, Ixpiyacoc, Ixmucané, haced que aclare, que amanezca, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados por el hombre creado, por el hombre formado, por el hombre mortal, haced que así se haga.

-- Dad a conocer vuestra naturaleza, Hunaphú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces madre, dos veces padre, Nim-Ac, Nimá-Tziís, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, el maestro Toltecat, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas.

-- Echad la suerte con vuestros granos de maíz y de tzité. Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera--. Así les fue dicho a los adivinos.

A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz y el tzité. ¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo. Y este viejo era el de las suertes del tzité, el llamado Ixpiyacoc. Y la vieja era la adivina, la formadora, que se llamaba Chiracán Ixmucané.

Y comenzando la adivinación, dijeron así: -- ¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad, que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la madera y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste [el hombre de madera] es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare, cuando amanezca!

Tú, maíz; tú, tzité; tú, suerte; tú, criatura; ¡uníos, ayuntaos! les dijeron al maíz, al tzité, a la suerte, a la criatura. ¡Ven a sacrificar aquí, Corazón del Cielo; no castiguéis a Tepeu y Gucumatz!

Entonces hablaron y dijeron la verdad : -- Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de madera; hablarán y conversarán vuestros muñecos hechos de madera, hablarán y conversarán sobre la faz de la tierra.

-- ¡Así sea! -- contestaron, cuando hablaron.

Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra.

Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas.

Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres. Hablaban al principio, pero su cara estaba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substancia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos, y amarillas sus carnes. Por esta razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos.

Estos fueron los primeros hombres que en gran número existieron sobre la faz de la tierra.

Capítulo III

En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.

De tzité se hizo la carne del hombre, pero cuando la mujer fue labrada por el Creador y el Formador, se hizo de espadaña la carne de la mujer. Estos materiales quisieron el Creador y el Formador que entraran en su composición.

Pero no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los habían hecho, que los habían creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo. El llamado Xecotcovach llegó y les vació los ojos; Camalotz vino a cortarles la cabeza; y vino Cotzbalam y les devoró las carnes. El Tucumbalam llegó también y les quebró y magulló los huesos y los nervios, les molió y desmoronó los huesos.

Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se obscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.

Llegaron entonces los animales pequenos, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.

-- Mucho mal nos hacíais; nos comíais, y nosotros ahora os morderemos -- les dijeron sus perros y sus aves de corral.

Y las piedras de moler: -- Eramos atormentadas por vosotros; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían holi, holi, huqui, huqui nuestras caras, a causa de vosotros. Este era el tributo que os pagábamos. Pero ahora que habéis dejado de ser hombres probaréis nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler.

Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron : -- ¿Por qué no nos dabais nuestra comida? Apenas estábamos mirando y ya nos arrojabais de vuestro lado y nos echabais fuera. Siempre teníais listo un palo para pegarnos mientras comíais.

Así era como nos tratabais. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no os diéramos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionabais, por qué no pensabais en vosotros mismos? Ahora nosotros os destruiremos, ahora probaréis vosotros los dientes que hay en nuestra boca: os devoraremos, dijeron los perros, y luego les destrozaron las caras.

Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así : -- Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor. Ahora probaréis vosotros, os quemaremos -- dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor.

Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos.

Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.

Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquellos, porque sólo de palo fue hecha su carne por el Creador y el Formador.

Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.

Segunda Parte

Capítulo X

(...)

Dijo entonces Ixbalamqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer? mira tú.
-Tal vez sí, voy a ver, contestó éste.
Y como tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana y quería ver si había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado.
Nuevamente preguntó lxbalanqué: -¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A dónde ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se movía, y permanecía callado.
Entonces se sintió avergonzado lxbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente vencidos.
Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden expresa de Hun-Camé y Vucub-Camé, y todos los de Xibalba se regocijaron por lo que le había sucedido a la cabeza de Hunahpú.

Capítulo XI

En seguida llamó lxbalanqué a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los animales pequeños y grandes, durante la noche, y a la madrugada les preguntó cuál era su comida.
-¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros? pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida, les dijo lxbalanqué.
-Muy bien, contestaron. Y en seguida se fueron a tomar cada uno lo suyo, y se marcharon todos juntos. Unos fueron a tomar las cosas podridas; otros fueron a coger hierbas; otros fueron a recoger piedras. Otros fueron a recoger tierra. Variadas eran las comidas de los animales pequeños y de los animales grandes.
Detrás de ellos se había quedado la tortuga, la cual llegó contoneándose a tomar su comida. Y llegando al extremo del cuerpo tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, y al instante le fueron labrados los ojos.
Muchos sabios vinieron entonces del cielo. El Corazón del Cielo, Huracán, vinieron a cernerse sobre la Casa de los Murciélagos.
Y no fue fácil acabar de hacerle la cara, pero salió muy buena; la cabellera también tenía una hermosa apariencia, y asimismo pudo hablar.
Pero como ya quería amanecer y el horizonte se teñía de rojo. --oscurece de nuevo, viejo!, le fue dicho al zopilote.
-Está bien, contestó el viejo, y al instante oscureció el viejo. "Ya oscureció el zopilote", dice ahora la gente.
Y así, durante la frescura del amanecer, comenzó su existencia.
-¿Estará bien?, dijeron. ¿Saldrá parecido a Hunahpú?
-Está muy bien, contestaron. Y efectivamente, parecía de hueso la cabeza, se había transformado en una cabeza verdadera.
Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo:
-No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas yo sólo lo haré todo, le dijo Ixbalanqué.
En seguida le dio sus órdenes a un conejo:
-Anda a colocarte sobre el juego de pelota, quédate allí entre el encinal, le fue dicho al conejo cuando se le dieron estas instrucciones durante la noche.
En seguida amaneció y los dos muchachos estaban buenos y sanos. Luego bajaron a jugar a la pelota. La cabeza de Hunahpú estaba colgada sobre el juego de pelota.
-¡Hemos triunfado! ¡Habéis labrado vuestra propia ruina; ¡os habéis entregado! les decían. De esta manera provocaban a Hunahpú.
-Pégale a la cabeza con la pelota, le decían. Pero no lo molestaban con esto, él no se daba por entendido.
Luego arrojaron la pelota los Señores de Xibalba. lxbalanqué le salió al encuentro; la pelota iba derecho al anillo, pero se detuvo, rebotando, pasó rápidamente por encima del juego de pelota y de un salto se dirigió hasta el encinal.
El conejo salió al instante y se fue saltando; y los de Xibalba corrían persiguiéndolo. Iban haciendo ruido y gritando tras el conejo. Acabaron por irse todos los de Xibalba.
En seguida se apoderó Ixbalanqué de la cabeza de Hunahpú; se llevó de nuevo la tortuga y fue a colocarla sobre el juego de pelota. Y aquella cabeza era verdaderamente la cabeza de Hunahpú y los dos muchachos se pusieron muy contentos.
Fueron, pues, los de Xibalba a buscar la pelota y habiéndola encontrado entre las encinas, los llamaron, diciendo:
-Venid acá. Aquí está la pelota, nosotros la encontramos, dijeron, y la tenían colgando.
Cuando regresaron los de Xibalba exclamaron. -¿Qué es lo que vemos?
Luego comenzaron nuevamente a jugar. Tantos iguales hicieron por ambas partes.
En seguida lxbalanqué le lanzó una piedra a la tortuga; ésta se vino al suelo y cayó en el patio del juego de pelota hecha mil pedazos como pepitas, delante de los Señores.
-¿Quién de vosotros irá a buscarla? ¿Dónde está el que irá a traerla? dijeron los de Xibalba.
Y así fueron vencidos los señores de Xibalba por Hunahpú e Ixbalanqué. Grandes trabajos pasaron éstos, pero no murieron, a pesar de todo lo que les hicieron.

Tercera Parte

Capítulo I

He aquí, pues, el principio de cuando se dispuso hacer al hombre, y cuando se buscó lo que debía entrar en la carne del hombre.

Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: "Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra." Así dijeron.

Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre.

Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores.

De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas.

Estos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil.

Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz [en la formación del hombre] por obra de los Progenitores.

Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. Abundancia de sabrosos alimentos había en aquel pueblo llamado de Paxil y Cayalá.

Había alimentos de todas clases, alimentos pequeños y grandes, plantas pequeñas y plantas grandes. Los animales enseñaron el camino. Y moliendo entonces las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, hizo Ixmucané nueve bebidas, y de este alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él crearon los músculos y el vigor del hombre. Esto hicieron los Progenitores, Tepeu y Gucumatz, así llamados.

A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.

Capítulo II

Estos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam.

Estos son los nombres de nuestras primeras madres y padres.

Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantarniento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón.

Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.

Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Entonces les preguntaron el Creador y el Formador : -- ¿Que pensáis de vuestro estado? ¿No miráis. ¿No oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad, pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles! ¡Probad, pues, a ver!, les dijeron.

Y en seguida acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : -- ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra.

Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. -- No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño --dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores : -- ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -- Así dijeron.

-- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché].

Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.

Nota: De la obra precedente, no poseemos datos de traductor. La hemos recibido de nuestros visitantes. De estar incurriendo en infracción a los Derechos del Traductor, solicitamos darnos aviso y será removido inmediatamente.

martes, 6 de enero de 2009

Los astrónomos miden un exoplaneta

Los científicos han hecho la primera medida precisa del tamaño de un planeta que orbita otra estrella. Usaron una nueva cámara tan potente que podría detectar a una polilla volando frente a una ventana iluminada a 1500 kilómetros de distancia.

El planeta, conocido como WASP 10b se descubrió por parte de un estudio robótico británico que se construyó con unas lentes obtenidas en el lugar de subastas eBay.

Orbita una estrella a 300 años luz de distancia de la Tierra en la constelación de Pegaso.

El equipo de astrónomos usó un telescopio gigante en Mauna Kea, Hawai, para medir la diminuta atenuación en la luz conforme el planeta pasa frente a su estrella madre en un eclipse.

Encontraron que su diámetro es un seos por ciento más grande que el de Júpiter, el cual tiene 143 000 kilómetros de anchura y es el planeta más grande de nuestro Sistema Solar. No obstante, el planeta es mucho más denso que Júpiter y pesaría tres veces más si se colocasen en escalas parejas.

La misma técnica del tránsito ha permitido a los astrónomos analizar las atmósferas de planetas extrasolares. Los expertos dicen que es sólo cuestión de tiempo que sean capaces de detectar planetas del tamaño de la Tierra en tránsito sobre la superficie de otras estrellas.

La cámara especial, conocida como OPTIC, fue montada en el telescopio de 2,2 metros de la Universidad de Hawai para hacer las medidas críticas.

El líder del equipo, el Dr. John Johnson, dijo: “Aunque ahora conocemos mas de 330 planetas orbitando otras estrellas de nuestra Vía Láctea, podemos medir el tamaño físico de sólo unos pocos que se alinean justo de la forma adecuada en el tránsito”.

Su colega Joshua Winn dijo: “Este nuevo diseño de detector realmente va a cambiar la forma en que estudiamos los planetas. Es la aplicación perfecta para los tránsitos de planetas”.

El planeta fue descubierto originalmente por el proyecto de estudio del cielo llamado SuperWASP – abreviatura de Búsqueda de Planeta de Súper Gran Angular – el cual observa millones de estrellas cada noche desde las Islas Canarias y Sudáfrica.

Para completar SuperWASP, los astrónomos tuvieron que recurrir a eBay para buscar 13 lentes, con un coste de 4000 libras cada una, cuando tuvieron conocimiento de que Canon había dejado de fabricarlas.

Las estrellas muertas revelan la historia sobre el origen de la Tierra

 

Un estudio dice que las "enanas blancas" están cubiertas por restos de asteroides con los materiales con los que se formaron los planetas

 

06/01/2009 | Actualizada a las 00:19h | Ciudadanos

Washington. (EFE).- Las estrellas muertas albergan las pistas sobre la evolución de los planetas, en especial de la Tierra, según un estudio difundido hoy en una reunión de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos en Long Beach, California.

sas estrellas, conocidas como "enanas blancas", están cubiertas por restos de asteroides que contienen los materiales a partir de los cuales se formaron los planetas, según el estudio preparado por investigadores de la Universidad de California.
El observatorio espacial Spitzer de la NASA ha detectado con su telescopio infrarrojo un total de ocho de esas "enanas blancas", circundadas por los restos de asteroides.
Según un comunicado del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) de la NASA, hasta ahora los resultados sugieren que los materiales que forman la Tierra y otros cuerpos rocosos del sistema solar podrían ser muy comunes en el universo.
"Si se molieran los asteroides y los planetas rocosos, se conseguiría el mismo polvo que vemos en los sistemas de estrellas", indicó Michael Jura, quien presentó los resultados del estudio ante la Sociedad Astronómica de Estados Unidos.
"Esto nos dice que las estrellas tienen asteroides como los nuestros y que, por lo tanto, podrían tener planetas rocosos", agregó.
Los asteroides y los planetas se forman a partir de polvo que gira en torno a estrellas jóvenes y cuando ese polvo se cohesiona forma en última instancia los planetas. Los asteroides son el material sobrante.
Por otra parte, cuando una estrella como el sol se acerca al fin de su vida, se convierte en un gigante candente que consume a los planetas cercanos y altera la órbita de los asteroides y planetas externos.
En sus estertores, esa estrella se encoge convirtiéndose en lo que los astrónomos llaman una "enana blanca". Spitzer observó restos de asteroides en torno a las enanas blancas con su espectrógrafo infrarrojo que le permitió establecer su constitución mineral.
En los ocho sistemas observados, Spitzer determinó que el polvo contiene materiales de silicio similares a la olivina, que se encuentran en muchos lugares de la Tierra.
"Esta es una pista que indica que el material rocoso que rodea a estas estrellas evolucionó de forma similar al nuestro", indicó Jura.
Los datos proporcionados por Spitzer también sugieren que no hay carbono en esos escombros rocosos, como otros asteroides y planetas rocosas del sistema solar que muestran escasos signos de ese elemento, añadió el JPL.

lunes, 5 de enero de 2009

20 Paradojas Celebres..

1. Paradoja de los Sentimientos (y la Lógica): "El corazón tiene razones que la razón no entiende" (Pascal). 2. Paradoja de la Ceguera: "Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve con el corazón" (El Principito). 3. Paradoja de la Improvisación: "La mejor improvisación es la adecuadamente preparada". 4. Paradoja de la Cultura: "La televisión es una fuente de cultura, cada vez que alguien la enciende me voy a la habitación de al lado a leer un libro" (Groucho Marx). 5. Paradoja de la Ayuda: "Si deseas que alguien te haga un trabajo pídeselo a quien esté ocupado, el que está sin hacer nada te dirá que no tiene tiempo". 6. Paradoja del Dinero: "Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre, que lo único que tenía era dinero". 7. Paradoja del Tiempo: "Vete despacio que tengo prisa". 8. Paradoja de la Tecnología: "La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos" (Michele Norsa). 9. Paradoja del Sentido: "No llega antes el que va más rápido sino el que sabe dónde va" (Séneca). 10. Paradoja de la Felicidad: "Mientras que objetivamente estamos mejor que nunca subjetivamente nos encontramos profundamente insatisfechos" (José Antonio Marina). 11. Paradoja de la Sabiduría: "Quien sabe mucho escucha quien sabe poco habla. Quien sabe mucho pregunta, quien sabe poco sentencia". 12. Paradoja de la Generosidad: "Cuanto más damos, más recibimos". 13. Paradoja del Conocimiento: "El hombre busca respuestas y encuentra preguntas". 14. Paradoja del Humor: "La risa es una cosa demasiado seria" (Groucho Marx ) 15. Paradoja de lo Cotidiano: "Lo más pequeño es lo más grande" 16. Paradoja del Silencio: "El silencio es el grito más fuerte" (Shopenhauer). 17. Paradoja del Expertise: "No hay nada peor que un experto para evitar el progreso en un campo". 18. Paradoja de la Riqueza: "No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita". 19. Paradoja del Cariño: "Quien te quiere te hará sufrir". 20. Paradoja del Disfrute: "Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos" (Shakespeare).

La Vía Láctea gira mucho más rápido de lo que se creía

 

También pesa más, lo que implica un mayor tirón gravitacional, y por tanto un mayor riesgo de colisión en el futuro con alguna de las galaxias cercanas

MALEN RUIZ DE ELVIRA - Madrid - 05/01/2009

El centro de la Vía Láctea, en una nueva imagen del telescopio 'Hubble'.- STSCI

Abrochénse el cinturón, nuestra galaxia gira más rápidamente, es más masiva y está en mayor riesgo de colisionar con otras de lo que se creía. Si aumenta la velocidad, como se ha comprobado ahora, eso quiere decir que aumenta también la masa, en este caso nada menos que en un 50%.

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      Así, según los nuevos resultados, la Vía Láctea sería 1,5 veces más masiva de lo que se estimaba, lo que la coloca en una situación de igualdad con Andrómeda, una galaxia cercana y hasta ahora considerada mucho mayor. Que sea más masiva implica un mayor tirón gravitacional, y por tanto un mayor riesgo de colisión en el futuro con alguna de las galaxias cercanas, incluida Andrómeda, ha explicado Mark Reid, astrónomo estadounidense que ha analizado los nuevos datos.

      Las últimas medidas astronómicas, de gran precisión, indican que el Sistema Solar en que nos encontramos está a unos 28.000 años luz del centro de la Vía Láctea y gira alrededor del agujero negro central a una velocidad de unos 960.000 kilómetros por hora, una velocidad superior en unos 160.000 kilómetros por hora a la calculada anteriormente. Además, los astrónomos creen ahora que en la Vía Láctea hay cuatro brazos en espiral en vez de sólo los dos conocidos, en los que se forman nuevas estrellas.

      Las nuevas medidas forman parte de un programa de observación a largo plazo con la batería de radiotelescopios VLBA de la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos, y se han presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Astronomía en California. El mismo equipo ha presentado también las primeras observaciones de estrellas recién nacidas, situadas tan cerca del agujero negro central que los astrónomos no encuentran explicación para ello. Con una masa de cuatro millones de veces la del Sol, el agujero negro provoca a su alrededor violentas mareas gravitacionales que, en teoría, impedirían que se produjeran las condiciones necesarias para que se formen estrellas.

      Protoestrellas

      Las imágenes, obtenidas igualmente con radiotelescopios, de dos protoestrellas a menos de 10 años luz del centro galáctico, indican que el gas molecular en esa zona debe de ser más denso de lo que se creía, de forma que su gravedad supere la atracción del agujero negro. "No comprendemos todavía bien el ambiente existente en el centro galáctico", ha explicado Elizabeth Humphreys, que ha dirigido el trabajo. "Mediante la combinación de observaciones como las nuestras con trabajos teóricos esperamos conocerlo mejor y que nos sirva de modelo para extrapolarlo a galaxias distantes"

      Como contribución a un mejor conocimiento del centro de la Vía Láctea el telescopio Hubble ha permitido construir una nueva y espectacular imagen compuesta, en infrarrojo, a partir de más de 2.000 observaciones realizadas a lo largo de casi cinco meses el año pasado. En la imagen, que se presentó igualmente ayer en California, se pueden observar con mucho mayor detalle las estructuras existentes en esa violenta región, en la que se observan poblaciones de estrellas masivas hasta ahora desconocidas y más dispersas que los tres grupos conocidos de estrellas masivas.

      Además, el gas ionizado que rodea el agujero negro, una región de 300 años luz de diámetro, se muestra como una espiral brillante. En luz visible las nubes de gas y polvo impiden observar el centro de la Vía Láctea, pero esto no sucede en el rango del infrrarojo.